sábado, 21 de julio de 2012

Ricardo Lagos Reyes (1926 - 1973)


La historia se escribe sola, con el palpitar que el Eterno permite y que los hombres malvados tuercen…

Paradójicamente, la principal función de la memoria pareciera ser el olvido…. lo que una mañana de septiembre ocurrió en nuestra amada ciudad de Chillán; por los motivos aciagos, que la historia todavía está escribiendo junto al olvido oportunista y la siempre majadera posición de “aquí no ha pasado nada”; así, se fue olvidando y testimoniado solo en los recuerdos de aquellos que vivieron tan lamentable episodio y que con la libertad que da la confianza fueron relatados bajo el templo que solo las verdadera columnas sostienen.

Ya el escalofrío llena por completo mi cuerpo, porque esta “historia”, que algunos no quisieran recordar o lisa y llanamente olvidar, siempre estará presente en los que deseamos un mundo fraterno donde las ideas las defendamos con ideas y donde la turba de los misiles sea algún día silenciada por las sonrisas y abrazos de los hombres que aún tenemos esperanza en la humanidad, y que el fuego de esa mañana de septiembre sea transmutado en acto alquímico en una ronda de niños que sonrientes, seguros y con esperanza canten la gran canción de la “verdad”.

Hermanados en los recuerdos, hermanados en la vida, hermanados…en el silencio obligado por la bota y las armas que en acto de juramento ante el Eterno, hicieron promesa y la quebraron; traigo esta tarde este relato, que un 16 de septiembre fue asesinado el alcalde de Chillán d. Ricardo Lagos Reyes junto a su hijo, y esposa embarazada.

La historia contará la versión que solo está permitida por la lógica del papel profano, aquel papel que aguanta las más solidas groserías y que con tanto acierto aprendemos en los colegios como grandes verdades.

La línea que separa lo cierto de lo incierto ya está trazada y los metales transmutados; deposito simbólicamente mi solicitud de perdón ante el “gran misterio”.