Barrio Patrimonial Santa Elvira de Chillán
Concepto: Espiritualidad.
La fuerza del espíritu y la religiosidad se manifiestan cuando se cruza el umbral de las numerosas casas cuyas puertas se abren con generosidad. El santo madero presente por todas partes. Pequeños altares cobijados por las gruesas y añosas paredes de adobe y por la fe de los dueños de casa que los adornan con flores, cintas, pequeñas figuras y estampas de santos….afirmando su personalidad mezclando inspiración cristiana y rasgos sefardíes coloniales.
La maternidad con su sentido de protección y contención, manifestada en la virgen que está presente en las casas en retratos y figuras sobre mesas y veladores, artísticas cruces en cerámica mayólica que junto a las camas protegen en la emergencia temerosa de los temblores, y al encuentro con el retrato de un "Cristo".
Todo está un poco a la deriva, pero sin embargo perfectamente alineado entre lo rustico y lo clásico, la belleza juega a decirrnos que estamos hechos para la trascendencia.
De un tiempo a esta parte, me vi involucrado en la busca sistemática de fantasmas, de aquellos recuerdos olvidados por el paso del tiempo; me vi caminando por calles viejas que encerraban miles de cuentos de hadas. Mi memoria, un tanto fragmentada, la necesitaba para anclarme positivamente en mi reconstrucción. / chillanantiguo@gmail.com
martes, 15 de enero de 2013
lunes, 14 de enero de 2013
Santa Elvira y sus lavanderas...
Rugendas las inmortalizó, en su cuadro “EL huaso y la lavandera”, que está en el Museo de Bellas Artes de Santiago….es pequeñito, mide solamente 30 x 20 cms, y posiblemente sea del año de su permanencia en Chile entre 1830 al 1840 más menos... ; pero por los años 70 y entrada la década de los 80, todavía este oficio “casi patrimonial ” tenía vida…entre sabanas ajenas, y el refriegue que gastaba sus manos; nos “acicalábamos limpios” para ir el lunes al colegio, con el sudor y el trajín de manos extrañas…
Alberto Arraño, en una publicación en el Diario La Discusión, de octubre de 1995, escribe sobre este antiguo oficio, como una manera de recordar y seguir “hilvanado recuerdos”, dejo con ustedes sus palabras que simbólicamente y a modo referencial nos habla de unos de los hitos de Chillán, “las lavanderas de Santa Elvira”.
Viven por la Población Santa Elvira, hacia el costado norte de Chillán. Son dos hermanas. Una se llama Clara y la otra, Rosita. Doblan ya los cincuenta años, y llenan la vida lavando ropa en los canales vecinos, hurgando cosas idas en su memoria, visitando su corta parentela y haciendo sus devociones.
No les corren los días. Su casita es pobre, aunque limpia; detrás de ella, hacia el poniente, un jardín con aires de huerta alegra sus ojos cansados; por primavera crecen en él, con profusión, los geranios, las pelargonias, los claveles, las guías de clarines, más allá de la verja de mimbres, baja y ondulada, se cultivan los repollos, el apio, el perejil y el orégano.
-¿Qué rica la cazuela bien aliñada! –dice Rosita cuando, con un gastado cuchillo, pica alguna verdura sobre el suave dorso de una presa de pollo. Toman otro gusto las comidas.
-No hay como ponerles ají –apunta, a su vez, Clara, un tanto , melindrosa y coquetuela –Qué buenos quedan los guisos así, picantitos; se comen con tanto agrado.
Lavan la ropa de algunas familias pudientes del centro de la ciudad. Los sábados por la tarde las ven salir las vecinas con sus inmensos atados, equilibrándolos en sus menudas y gráciles cabezas, camino al centro.
Durante la semana el trabajo es duro y denso, son tantas las piezas de ropa que jabonar, sacudir, “refregar” y extender en los cimbreantes cordeles del patio para que el viento sureño, poco pudoroso, las haga flamear al sol, ejerciendo en ellas con eficacia su acción benéfica y depuradora. ¿Si parece que el arcoíris hubiera dejado por ahí todos sus colores!
-Me duele la espalda de tanto planchar –exclama a veces Rosita, la más joven y pálida. Pero debe seguir con tesón en su labor. Porque sino, faltaría el sustento diario y, con él, aquellas cosas menudas y corrientes que les hacen más llevadera y amable su existencia; faltaría el aguardiente para el café “con malicia” y la mistela; olorosa yerba paraguaya para el mate cotidiano; manteca para las sopaipillas; chancaca para los picarones, y dulce miel de abeja para los desayunos. Porque es así: ellas saben sazonar sus trabajos con estos pequeños encantos caseros.
¿Oh, el grato olor de la azúcar quemada, allá por las tardes, cuando se disponen a hacer sus comidas en los gratos días de primavera! El suave aroma embalsama la rústica pieza y, por unos vidrios rotos, se esparce por el entorno, comunicándole la grata sensación de ambiente hogareño. Adentro, sobre el brasero gorgoritea la tetera, esperando la hora oportuna en que, cayendo sobre la fina yerba, haga las delicias de las dos buenas hermanas en un frecuente y amoroso mate. Y para fusionar con el espumante líquido no faltará la cáscara de naranja ni la hoja de cedrón ni la torreja de limón.
¡Cómo se hace liviana la tarea diaria, condimentada con estos amables embelecos caseros a las lavanderas del barrio norte de Chillán en cualquier época del año!
Obra de Mauricio Rugendas, 30 x 23 cms. "El huaso y la lavandera"
El alumbrado eléctrico en Chillán
Conversando con nuevas generaciones de chillanejos y a veces “no tanto”, desconocían que en Santa Elvira” funcionó durante décadas una Planta Electrica Hidraúlica, hasta ya entrada la década del sesenta; y que era generada por las aguas de la variante del Rio Cato…y de ahí el nombre de “Canal de la Luz”.
Un barrio ligado tanto a nuestra ciudad que ya el historiador Marco Aurelio Reyes, lo expone en el Diario la Discusión un 31 de agosto de 1999, aquí sus palabras:
La vida humana sufre un vuelco espectacular cuando Thomas Alva Edisón inventa la ampolleta entre 1879 -1880. Para que este maravilloso invento llegara a Chillán pasaron tan solo 28 años. Este acontecimiento se produce durante el invierno de 1908 (el 6 de julio), con la espectacular iluminación de la Plaza e Armas, ante la emoción de los ciudadanos. La energía eléctrica se generaba en una pequeña planta hidráulica de 3000kw. Ubicada en el sector Santa Elvira, aprovechando las aguas desviadas del río Cato, que originaban de esta manera el Canal de la Luz. Así Santa Elvira abastecía de electricidad a Chillán, tal como antes lo había hecho con el agua potable. La planta fue un lugar estratégico de la ciudad.
La vida de Chillán se trastocó llegando pronto hasta los hogares mismos. El comercio comenzó a ofrecer equipos, artefactos, motores y generadores, llegando a establecer una sucursal de la empresa alemana Simens y Schukers, atendida por don Santiago Yufer. Pronto se requirieron electricistas que hicieran las conexiones domiciliarias, buscando los materiales en las mercerías y ferreterías de Ángel Cordero, José Madrid, Dionisio Etchevers y Federico Kehl. La formada Compañía Chilena de Electricidad contó con muchos accionistas residentes en Chillán, la mayoría pertenecientes a la colonia francesa, tales como Fernando Besnier, Aquiles Blu, León Cazenave, Juan Choribit, Esteban Othacebe, José Pimouget, Bernardo Pagueguy, Dionisio ETchevers, Urbano Duboscq, Juan Darrigoult, Enrique Delepine y otros.
El problema era la pequeña capacidad de la planta generadora y su posibilidad de cobertura, por lo cual la Cia. determinaba horas de uso y consumo, bastante restrictivos por lo demás. Chillán tuvo una iluminación deficiente hasta más allá de la mitad del siglo XX, presentando demasiada oscuridad en las calles. Un gran adelanto fue la creación en 1920 de la Sociedad de Tranvías Eléctricos de Chillán que según “Las Últimas Noticias” de Santiago (15 de agosto 1920), refiriéndose a la fuerza eléctrica, señalaba que “hemos dicho en otra oportunidad que los actuales usuarios de la Compañía usan las mejores máquinas adquiridas en los últimos años, tiene capacidad de sobra para la movilización de varias líneas de tranvías”. En la nueva Compañía, también figuraban como accionistas los Pagueguy, Leopolt, Raddatz, Lamoliatte, Cazenave, Choribit, etc. Todos distinguidos hombres de negocio de la ciudad.
Lo cierto es que Chillán contó por muchos años con un sistema eléctrico deficiente, tanto que a raíz del terremoto de 1939, debió permanecer por muchas horas en la completa oscuridad aumentando lo dantesco del trágico momento. Ante la emergencia debió recurrirse a un generador de carbón. La ciudad nunca había cubierto su necesidad de energía eléctrica por el hecho de funcionar con generadores fuera de servicio e insignificantes. La Planta de Santa Elvira siguió funcionando por muchos años, con un generador que a medida que crecía la ciudad era más insuficiente. Tanto era el problema que el propio diario “El Mercurio” de Santiago (21, abril, 1947) describió “el lúgubre aspecto que presenta la ciudad de Chillán por la falta de luz eléctrica, . La disminución de aguas para las turbinas y el cambio de hora han afectado el suminstro de energía” Era una verdadera vergüenza para la ciudad. Sin embargo, a comienzos de 1948, el anuncio del alza en las tarifas de la electricidad, movilizó, movilizó a toda la comunidad y a las provincias centrales del país. La Municipalidad declaraba tener un déficit de $ 342.952, por concepto de alumbrado (18 febrero, 1948). La Discusión denunciaba que el voltaje entregado por la CGE estaba por debajo de la norma, originando serios problemas en el suministro eléctrico para Chillán (22, abril, 1948). Durante todo el año 1949 siguieron las denuncias sobre las insuficiencias del alumbrado público y el reemplazo de las ampolletas quemadas en las calles que permanecían en penumbras. En 1952, la Compañía General de Electricidad, seguía amenazando con alzas de tarifas ante la indignación de la ciudadanía. En 1954, se anunciaba la generalización del racionamiento eléctrico en los campos y en las faenas agrícolas (La Discusión, 5, marzo). En 1957, para La Discusión, los principales problemas de Chillán seguían siendo los bajos sueldos y salarios, las deficiencias de la previsión social y el problema de alumbrado, que desde hacia medio año la Municipalidad , mantenía sin pago (15 de octubre). Estas dificultades, más los descuidos en el voltaje llevó al Municipio a reponer un promedio de 60 ampolletas diaria. El suministro de electricidad era un problema difícil de resolver.
Tuvieron que producirse las modernizaciones en la generación eléctrica por parte de la Endesa, en la década de los años 6º para que la histórica Planta de Santa Elvira pasara al baúl de los recuerdos. Aún muchos recuerdan que Chillán vivió muchos años casi en sombras.
miércoles, 31 de octubre de 2012
La Talabartería en Chillán y familia Isla
Talabarte: cinturón, generalmente de cuero, en donde cuelga la espada o el sable.
Quizás como prólogo para "situar" el tema de la talabartería, es propicio citar a uno de los investigadores en "artes populares", como lo fue el maestro Baltazar Hernández
En el siglo XVI, García Hurtado de Mendoza trajo a Chile caballos y monturas. La industria del cuero y su utilización en la montura, aperos y arneses se inicia en la misma colonia. En el siglo XIX, “la montura chilena campesina” era más o menos como la de hoy, aún cuando ha sufrido transformaciones originadas por los estilos o diferentes escuelas ecuestres y países. La “corralera”, que se deriva de la escuela de la jineta (xenetes: tribu árabe) es la más típicamente chilena, de forma cuadrada, liviana, más bien chica que grande, con un arzón anterior y otro posterior redondo y más bajo.
Los batanes (van sobre el pelero), pellones, estribos y el caso de madera de álamo que sirve de estructura, constituyen las cuatro partes de una silla de montar.
En Chillán y en la zona, hace 100 años y aún más, la talabartería tuvo un notable desarrollo y que ahora no imaginamos, porque la región vivía única y exclusivamente de la agricultura y como único medio de locomoción se contaba con el caballo y carruajes tirados por este gran amigo del hombre; era una época en que toda la familia campesina andaba a caballo y luciendo finos aperos.
En los numerosos talleres talabarteros de otro tiempo, no menos de quince a treinta artesanos trabajaban en cada uno de ellos, al igual que en los talleres de espueleros.
Ahondando en los registros orales, la primera talabartería chillaneja fue la de don Víctor Manuel Vergara, que gozó de gran renombre por la perfección y delicadeza de sus valiosos trabajos. Los talleres de don Pedro Soto, Temístocles Gutiérrez, Lara , Rafael Fuentes, Justo SolísJosé Rojas, los hermanos Riquelme, Héctor Sepúlveda, Humberto Rojas, Samuel Parra, doña Teresa viuda de Parra y Sucesión y actualmente hoy como testigo del tiempo la familia Isla.
FAMILIA ISLA, talabartería de abolengo.
Muy prestigiosas dentro y fuera del país son las monturas de la talabartería con el sello ISLA, imperio artesanal iniciado por dn. Amador Isla Cea (1910-1989), cuya familia ya lleva un siglo de tradición. Don Amador, como sus hijos, trabajó desde joven en el oficio que aprendió de un tío y éste, a su vez, aprendió de su padre y hermanos. De este sello talabartero han salido aperos y monturas para hacendados y turistas de Argentina, Perú, Brasil, Estados Unidos, Canadá, España e Inglaterra.
De los talleres continuará saliendo la hermosa montura chilena, cada vez más sobria y de ajustadas proporciones, el cuero curtido, riendas y ramales. Registro de manos callosas que testimonian el trabajo manual de decenios y que nunca pergamino alguno podrá trasmitir la interminable hebra de zurcidos que por generaciones fueron hilvanando en los campos chilenos uno de los más bellos oficios del cuero.
Artes populares de Ñuble (Baltazar Hernández)
Estudios Regionales U. de Chile.
Fotos / Familia Isla.
Chillán Antiguo / Máximo Beltrán
Parque Juan Guillermo Schleyer Brandt en Chillán. Un PARQUE QUE NO FUE….
Fotos Chillán Antiguo
Diario La Discusión.
aporte / Sonia Jungjohan Ribbeck
La familia Schleyer, radicada por largo tiempo en la ciudad, amasó gran fortuna y notoriedad no sólo por su capacidad empresarial, sino por los aportes que en su momento hizo a la ciudad y que le valió ser recordada por la avenida que actualmente lleva su nombre, por el retén de Carabineros que ya no existe y sobre todo por el nunca construido parque por el cual Juan Schleyer donó 14 hectáreas a la ciudad, con el fin de retribuir todo el amparo que Chillán le otorgó lejos de su natal Alemania.
Poca gente en la ciudad sabe que la donación de la familia Schleyer tenía como fin la creación de un área verde y más aún, la idea era la creación de un parque de exposición agrícola, por lo cual la donación incluía todo el ítem del aprovechamiento de las aguas.
Con el terremoto del 24 de enero de 1939, parte de los terrenos se utilizaron en lo que hoy son los Pabellones Rodríguez y si bien ello fue beneficioso, ¿qué pasó con el resto de los terrenos? ¿porqué se vendieron a particulares ?
Hoy la ciudad no tiene grandes espacios verdes, el cemento lo invade casi todo. Personalmente creo que nunca es tarde ver cumplir el deseo de Juan Schleyer Brandt, quien, en escritura pública señaló: "para que esta tierra se destine a la formación de un parque que se denominará Parque Juan Schleyer y que sirva además para exposiciones industriales y agrícolas".
El terreno , según escritura, "tiene una superficie aproximadamente de nueve hectáreas", y a la fecha, ni el parque existe como fue planteado por don Juan, ni se devolvieron las tierras a sus herederos como se indicó: "la donación se hace con la condición de que la Municipalidad no podrá vender ni enajenar el predio materia de este acuerdo, y que deberá destinarlo exclusivamente a la formación de un parque natural que tendrá la denominación acordada. Si en el término de dos años a contar desde la fecha (14 septiembre de 1929) en que se otorgue la escritura pública de donación, LA MUNICIPALIDAD NO EJECUTARE EL PLANO DEL PARQUE, y trazare las líneas en el terreno e hicieran las plantaciones correspondientes, quedará de hecho SIN NINGÚN VALOR NI EFECTO LA DONACIÓN" (Sonia Jungjohann Ribbeck)
Diario La Discusión.
aporte / Sonia Jungjohan Ribbeck
La familia Schleyer, radicada por largo tiempo en la ciudad, amasó gran fortuna y notoriedad no sólo por su capacidad empresarial, sino por los aportes que en su momento hizo a la ciudad y que le valió ser recordada por la avenida que actualmente lleva su nombre, por el retén de Carabineros que ya no existe y sobre todo por el nunca construido parque por el cual Juan Schleyer donó 14 hectáreas a la ciudad, con el fin de retribuir todo el amparo que Chillán le otorgó lejos de su natal Alemania.
Poca gente en la ciudad sabe que la donación de la familia Schleyer tenía como fin la creación de un área verde y más aún, la idea era la creación de un parque de exposición agrícola, por lo cual la donación incluía todo el ítem del aprovechamiento de las aguas.
Con el terremoto del 24 de enero de 1939, parte de los terrenos se utilizaron en lo que hoy son los Pabellones Rodríguez y si bien ello fue beneficioso, ¿qué pasó con el resto de los terrenos? ¿porqué se vendieron a particulares ?
Hoy la ciudad no tiene grandes espacios verdes, el cemento lo invade casi todo. Personalmente creo que nunca es tarde ver cumplir el deseo de Juan Schleyer Brandt, quien, en escritura pública señaló: "para que esta tierra se destine a la formación de un parque que se denominará Parque Juan Schleyer y que sirva además para exposiciones industriales y agrícolas".
El terreno , según escritura, "tiene una superficie aproximadamente de nueve hectáreas", y a la fecha, ni el parque existe como fue planteado por don Juan, ni se devolvieron las tierras a sus herederos como se indicó: "la donación se hace con la condición de que la Municipalidad no podrá vender ni enajenar el predio materia de este acuerdo, y que deberá destinarlo exclusivamente a la formación de un parque natural que tendrá la denominación acordada. Si en el término de dos años a contar desde la fecha (14 septiembre de 1929) en que se otorgue la escritura pública de donación, LA MUNICIPALIDAD NO EJECUTARE EL PLANO DEL PARQUE, y trazare las líneas en el terreno e hicieran las plantaciones correspondientes, quedará de hecho SIN NINGÚN VALOR NI EFECTO LA DONACIÓN" (Sonia Jungjohann Ribbeck)
viernes, 26 de octubre de 2012
Parque Monumental Bernardo O`Higgins - Chillán Viejo
Este espacio, nace a modo de resarcir el olvido o el desacierto de demoler la casa de O´Higgins el año 1930. Creada la Fundación de Conmemoración Histórica Bernardo O`Higgins el año 1957, cuya tarea será construir un complejo arquitectónico en memoria del Libertador; siendo su gestor el destacado vecino dn. Alfonso Lagos Villar (director propietario del Diario la Discusión).
Este Complejo Arquitéctónico será dirigido por el arq. Carlos Martner; y su hermana María Martner, escultora y profesora de la U. de Chile será la encargada de dar rienda suelta a la creatividad en el MURAL LÍTICO (piedra) de 60 mts. Que será inaugurado el 25 de febrero de 1973.
Aprendimos y comprendimos de María Martner (1921-2010), de esta artista excepcional, que sus murales de “piedra y poderío” representa la síntesis terrestre del país…”
A través de estos 60 metros , un gran “lienzo de concreto” la artista dibuja con piedras como el granito gris claro, pizarra gris oscuro, piedra rodada de diversos colores extraídas del Río Ñuble, caliza amarilla, lapízlázulis azúl del norte de Chile, cuarzo blanco, jaspe rojo y escoria negra; la vida del libertador.
La primera parte se refiere a la juventud del prócer y a su vida campesina; un helecho simboliza la humedad y la vegetación del campo chileno. La parte central y principal expresa la lucha liberadora y las batallas, la tercera parte muestra a O`Higgins como Director Supremo. El paso de una etapa a otra está resuelta con la inclusión de la araucaria, uno de los árboles más bellos y autóctonos de Chile”.
No busquemos en esta obra lo “bello”, que encontramos en otras obras de arte, porque es otro concepto que debemos aplicar a un mural como este. Bello, hermoso, bonito, no son términos que vienen bien a esta concepción. Esta obra está destinada a dar sentido de “grandeza” al prócer, a sentirlo grande por los tiempos presentes y futuros, su monumentabilidad debe imponernos respeto a su personalidad, al mismo tiempo que, condensada su vida en estos símbolos, guardemos como una apretada unidad nuestro conocimiento y admiración por O`Higgins”.
Observación: Prácticamente nunca ha funcionado el mural en su totalidad, porque se dijo cuando se entregó la obra que desde su parte superior caería constantemente agua (por eso hay una pileta larga y rectangular a los pies del mural, también de piedra, por cierto); de esa manera las piedras sacarían a relucir gracias al efecto del agua, todo su colorido.
viernes, 5 de octubre de 2012
Eduardo Torres Poblete 1916 - 1990
"Un legado que perdura a través de su creación, su arte, sus enseñanzas, algo que Chillán a valorado por el enorme quehacer profesional, artístico y cultural, que este destacado arquitecto desarrolló, al cariño que sentía por la ciudad de Chillán”…es la mejor forma de definir al Arquitecto Eduardo Torres Poblete..."
¿Pero quién era Eduardo Torres, quién fue Presidente de la Corp. Grupo Tanagra, Rotary Club Chillán, Mason, Presidente de la Asamblea Radical, partido del cual era partidario. Comité para la creación de Sede Universitaria (hoy UBB), perteneció al Grupo Ohigginiano, del cual llegó a ser su Vicepresidente, Premio Municipal de Arte en 1965 y cuyo nombre lleva el Parque de Avda. Argentina?
Bueno amigos, aquí en breve reseña de este chillanejo adoptivo que fue durante años Director de Obras de la I. Municipalidad de Chillán por más de 30 años, en los tiempos en que la función pública era una entrega. El fue arquitecto y llegó a la ciudad en los tiempos de la reconstrucción, mejor sería situarlo en la reconstrucción misma, pues su entrada en esta zona es en 1940. Época en que Chillán y la zona todavía estaba despertando del trauma de la noche trágica del 24 de enero.
Además de sus proyectos arquitectónicos (casas, edificios, industrias, recintos deportivos, iglesias y templos), diseñó la Pileta Ornamental frente al correo, una novedad en su época por sus luces de colores; el monumento de Rotary en el acceso norte de la ciudad; el parque de la Avenida Argentina, con especies autóctonas, que lleva su nombre y el emblemático Estadio Municipal y sus piscinas (hoy desaparecido)
Reconocido por su sentido del humor, su sociabilidad, su calidad humana y profesional, falleció el 4 de mayo de 1990 y nació el 25 de diciembre de 1916; estudió arquitectura en la U. de Chile; se casó con Berta Cifuentes Burrell, también arquitecto y se radicaron en Chillán en participando activamente en la reconstrucción de la ciudad. Tuvieron 7 hijos, María Antonieta, Eduardo, Isabel Margarita (fallecida), Beatriz, Ana María, Verónica y Gonzalo.
Chillán Antiguo, recuerda a uno de los suyos.
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