lunes, 28 de julio de 2014

Chillán; BAJO DOS MIRADAS.

Chillán: Cuatro veces centenaria
Ramón Bastías Sandoval
Sociólogo, Universidad de Concepción
           
Siempre me impactó saber que la ciudad de Chillán tuviera varios siglos de antigüedad. Mi imaginación volaba a otros mundos pretéritos al oír decir que había sido fundada por el mariscal Martín Ruiz de Gamboa en un lejano invierno de 1580.  Casi podía ver una sencilla empalizada con un foso, algunas casuchas y unas débiles antorchas iluminando la noche oscura. El frío, la humedad, la lejanía de la capital de la Gobernación, debió haber convertido dicha fundación en todo un acontecimiento para ese pequeño grupo de españoles sedientos de aventura, fama y dinero. Otro tanto podemos imaginarnos de las comunidades mapuche que vivían en los alrededores y que ya conocían a los hispanos producto de las primeras encomiendas relacionadas con la ciudad de La Concepción.

De aquel mestizaje nacieron nuestras familias; la Iglesia dio sentido de unidad monárquica a lugares tan alejados de España como nuestra ciudad cuatro veces centenaria; en un momento fuimos súbditos de un rey casi desconocido. Todo esto me daba material para más ensueños y fantasías de niño cuando en la escuela nos enseñaban que Chillán, en particular, y Ñuble, en general, fueron protagonistas de las luchas de la Patria Vieja.  Casi puedo ver el viejo Chillán sitiado por Carrera, escuchar los tambores y algún cañón tronar. Nuevamente siento el aire gélido, la escarcha y la lluvia chillaneja, veo ponchos desteñidos y húmedos y los pasos inquietos de don José Miguel.

Los siglos pasan y la ciudad de transforma, obligada por los terremotos y desastres.  Su último gran cambio fue en 1939 que aún vive en nuestra memoria colectiva. Mi abuela era una niña para aquella noche de verano y con sus palabras me retrató el dolor y la pérdida, las casas crujiendo mientras el adobe se rompía y las nubes de polvo inundándolo todo. El estruendo y luego un breve silencio, finalmente el llanto y los gritos de dolor.

Se podría pensar que tengo una imagen triste de la ciudad, sin embargo es lo opuesto. Chillán se levantó de todos aquellos cataclismos y continuó su marcha en la historia. Sus vecinos tejieron redes solidarias para acompañarse en el dolor y ver a los niños crecer. Sus instituciones trabajaron para el desarrollo y modernización de la ciudad y en algunos momentos hicieron un trabajo destacado. Recuerdo al doctor José María Sepúlveda Bustos y al intendente Vicente Méndez Urrejola, además de tantos otros hombres y mujeres anónimos. 


Hoy mucho de esta "Gesta de cuatro siglos" se siente lejana. Vivimos en un mundo de cambios culturales donde nacen nuevas identidades. Está por verse como serán los chillanejos del siglo XXI, es de esperar que tomen el testimonio de sus abuelos y padres para hacer de este espacio urbano una ciudad con futuro. Muchas tareas están pendientes, quizás muchos errores haya que reconocer. Pero las oportunidades están ahí, a la vuelta de la esquina, esperando que hombres y mujeres de espíritu constructivo caminen por el nuevo milenio.



Hacia la valoración de la diversidad cultural
Simi Jiménez Carrasco
Antropóloga, Universidad Austral de Chile

La cultura se entiende como la forma de vivir que se aprende en cada tiempo histórico y lugar. Es un concepto que pone de relieve las diferencias entre los pueblos y también se aplica a los distintos grupos dentro de una misma sociedad, donde es posible diferenciar colectivos que comparten códigos éticos, creencias o costumbres específicas; así, por ejemplo, podemos hablar de una cultura campesina en la Provincia de Ñuble.

Toda persona expresa y porta la cultura, desde aspectos triviales hasta nociones más profundas. Pero resulta difícil tomar distancia de la cultura propia y medirla con la misma vara que se aplica a las creencias de los otros. Por esto es que la idea de interculturalidad va más allá de la coexistencia territorial; es necesario incluir las nociones de poder y de desigualdad social.

En la historia de Chile se puede ver la subordinación de las distintas culturas indígenas existentes, impulsando el descrédito de cualquier elemento que se le asocie, incluso hasta transformar en un insulto el epíteto de “indio” o “indígena”.  ¿Qué sucede en nuestra Región del Biobío o somos cortados todos con la misma tijera? Recordemos que esta zona se caracteriza por el carácter de frontera que adquirió en la relación histórica entre los europeos, en un primer momento y los criollos, después, principalmente con el pueblo mapuche, debido a la barrera natural del río Biobío. Este aspecto favoreció una alta presencia militar e institucional y con ello, la devoción a la patria, a la iglesia oficial y a la idea de que ya no había indígenas a este lado, sino campesinos herederos de tradiciones europeas. No es difícil escuchar todavía reivindicaciones de apellidos de abolengo aristocrático como prueba de estatus en el propio Chillán.

En cuanto a la desigualdad social como elemento diferenciador dentro de la cultura local, hay que reconocer que aunque se pueda compartir una cultura campesina en parte de nuestra provincia, no es lo mismo ser el dueño del campo que un inquilino o mediero; además de las diferencias económicas, prevalecen diferencias de prestigio y poder, en el uso del lenguaje, entre otras.

Por último, la migración es otro elemento que configura la diversidad cultural local. Los migrantes extranjeros,  palestinos − varios muy importantes en la historia de Chillán −, chinos, colombianos, ecuatorianos, peruanos, son parte de nuestra comunidad. Si bien la población de Ñuble es diversa culturalmente, estas diferencias son poco visualizadas, prevaleciendo creencias negativas sobre los indígenas que se aplican también a los extranjeros indígenas y, por otra parte, marcadas diferencias sociales que constituyen barreras culturales. 

Mirarnos y mirar a los demás como portadores de cultura, de una cultura digna, esa es la invitación en este aniversario y en adelante.

UN ERROR: EL CIERRE DE LAS ESCUELAS NORMALES

p. Carlos René Ibacache 
Miembro de la Academia Chilena de la Lengua




Escuela Normal de Chillan (1925)

¿Por qué será que los gobiernos autoritarios cerraron las Escuelas Normales? En la administración de Carlos Ibáñez del Campo (1927-1931), fueron cerradas la mitad de ellas. Cuando en 1938 ganó el poder el presidente Pedro Aguirre Cerda, reabrió todas las cerradas por Ibáñez. Luego, en 1973 el gobierno militar tan pronto se adueñó del poder las cerró todas; lamentablemente las cerradas por Pinochet no fueron reabiertas, pese a todas las gestiones realizadas por la Federación Nacional de Profesores Normalistas durante los gobiernos de la democracia.

En todos los foros que ha habido en estos últimos años, nunca ha faltado la palabra de repudio hacia aquel sensible Decreto Ley Nº 253 del 14 de marzo de 1974, que le ha hecho mucho daño a la educación chilena, donde se determinó el cierre definitivo de las escuelas chilenas creadas en 1842 con la fundación de la Escuela Normal de Santiago, posteriormente llamada Escuela Normal Superior José Abelardo Núñez. Además de Santiago, donde hubo tres escuelas, también estuvieron presentes en Antofagasta, Copiapó, La Serena, Talca, Curicó, Chillán, Angol, Victoria, Valdivia y Ancud; más cercanas a nuestro tiempo, fueron las Escuelas Normales de Viña del Mar y La Unión. Esta fórmula existe con éxito además en otros países latinoamericanos, incluso hoy en día.


En Chile el impulsor de esta idea fue el prócer Bernardo O‘Higgins, quien se percató en Inglaterra de la existencia de esta experiencia: seleccionar a los niños más talentosos egresados de la enseñanza básica, antes llamada primaria o preparatoria. Luego de esta selección, eran incorporados a un instituto para entregarles contenidos humanísticos, científicos y pedagógicos. En esta etapa cobran real importancia los ramos pedagógicos, que son aquellos que nos acercan, a través de la metodología, a la mejor forma de enseñar. Aprender a enseñar es su objetivo.


Para conseguir un exitoso resultado era preciso contratar a un especialista pedagógico. Esa persona fue Diego Thompson, un profesor inglés residente en Argentina, discípulo de la escuela lancasteriana (creada por Joseph Lancaster), invitado por O`Higgins para que se hiciera cargo de esta misión en Chile.
En nuestras Escuelas Normales, el postulante tenía que estar entre los primeros diez alumnos de su curso, así funcionaba la preselección. Al concluir el ciclo básico (de 1º a 6º básico), los egresados debían cursar seis años de estudios (cuatro de educación científico - humanística y dos de educación pedagógica). Mientras que el egresado de Humanidades, (de 1º básico a 4º medio de hoy) también llamado ciclo de enseñanza científico - humanística, si quería ser profesor tenía que ingresar al ciclo pedagógico de la Escuela Normal.








Alumnos en diferentes etapas de su formación docente

Sin duda esta fórmula para la formación de profesores de primera enseñanza resultó óptima en nuestro país. De aquí salieron notables maestros, como Darío Salas Díaz, Luis Gómez Catalán, Humberto Díaz Casanueva, Moisés Mussa, Daniel Naveas, Oscar Bustos Aburto y una lista larguísima de grandes poetas, narradores, periodistas, etc. muchos de ellos obtuvieron el Premio Nacional de Literatura, Historia, Música y Periodismo.








Chillán; PARQUE SCHLEYER, más que un homenaje póstumo.

Los altos niveles de contaminación ambiental y una superficie de áreas verdes que ni siquiera alcanza los dos metros cuadrados por habitante, cuando lo adecuado es nueve de acuerdo a los estándares de la Organización Mundial de la Salud, no fueron argumentos suficientes para que Chillán fuera incluida entre las treinta comunas beneficiadas con un parque, según anunció en mayo la presidenta Bachelet. Hace 85 años los herederos de Juan Schleyer se anticiparon a esta gris postal y donaron a la ciudad un extenso terreno para la creación exclusiva de un parque urbano. Sin embargo, incumpliendo el acuerdo, las sucesivas administraciones municipales lotearon y transformaron el espacio en un sector habitacional. Los herederos de Schleyer no cesarán en su cometido hasta que el ansiado pulmón verde sea una realidad.
p. Marcia Castellano



Mapa de Chillan de 1928, que contempla en su trazado el "Parque Schleyer"

Tras la muerte de Johann Schleyer Brandt, Juan, sus descendientes decidieron honrar su memoria donando a la ciudad nueve hectáreas de la hacienda Huambalí, con el propósito de levantar ahí un parque urbano que llevara el nombre del inmigrante alemán fallecido en 1925. El terreno, dividido por Palermo en dos paños, contaba con una laguna y abundante vegetación, cuya extensión comprende hoy las avenidas O`Higgins, Collín y las calles Rosauro Acuña y Pedro Aguirre Cerda, aproximadamente.

En septiembre de 1929 la familia formalizó esta entrega mediante una escritura pública que establecía ciertas condiciones: el terreno debía destinarse exclusivamente para la formación de un parque denominado Juan Schleyer, en un plazo máximo de dos años o de lo contrario la donación quedaría sin efecto; el municipio en ningún caso podía vender o enajenar los terrenos y se comprometía a destinar anualmente los fondos para la conservación y buen mantenimiento del parque.



Juan Schleyer Brandt (1840 - 1925)

Eso fue hace 85 años. El pulmón verde que los Schleyer Helmkampff soñaron para Chillán ahora pareciera tener un carcinoma. Casas, canchas y diversas construcciones ocuparon el lugar destinado para un parque y desde esa época las autoridades se han desentendido del compromiso adquirido. Si bien inicialmente se les asignó un uso temporal al levantar pabellones de emergencia post terremoto de 1939, posteriormente el municipio cambió el uso del suelo en 1969 y loteó el terreno para destinarlo a donaciones, permutas y comodato. Desde entonces hasta la fecha esto sigue sucediendo. Si todo se desarrolló en un marco de irregularidades, ¿hubo alguna gratificación involucrada y a quién benefició? Hoy nadie parece saberlo. 
Sin perder de vista el objetivo principal que es lograr la concreción del parque, la bisnieta de Johann Schleyer Brandt, Sonia Jungjohann, también busca respuestas: “Estamos en encuestas a personas que viven en las tierras donadas; todos estos favores tienen un fin político, no me cabe duda. Es interesante saber de las propias personas que le han comprado los sitios al municipio. Especialmente entre los años 1969 en adelante, cuando empiezan las primeras ventas y donaciones, se inició una especie de olvido del sentido de la donación dejando que las tierras se asignaran a otros asuntos ajenos a este sentido original. Con el tiempo la comunidad fue olvidando esta donación y los ediles usurpando las tierras para sus propios fines políticos”.

“Esta causa familiar hoy es de Chillán”
Cinco generaciones Schleyer se reunieron en 2007 en Chillán para celebrar el aniversario de nacimiento de don Juan. En esa oportunidad se decidió que Sonia representaría a la familia liderando  la campaña "Un parque para Chillán, denominado Juan Schleyer". Si bien esta iniciativa busca el apoyo de las autoridades, también apela a la ciudadanía a través de las redes sociales y de una página web (www.parquejuanschleyer.cl) donde se puede adherir firmando una carta que será enviada a la presidenta Michelle Bachelet. “Esta causa familiar hoy es de Chillán. De ser por décadas una exigencia privada, hoy es pública y ha alcanzado gran parte del país. Se mantuvo oculta por intereses municipales, pero hoy esto es visible. Pretendemos llevar personalmente la carta a Bachelet con el listado de las personas que han firmado, aún son pocas, vamos en 341 firmas. Queremos que todos se enteren de cómo en Chile terminan muchas donaciones y seguiremos exigiendo el parque”, advierte Sonia.
Sin embargo, de las nueve hectáreas originales no queda lo suficiente para hacer un gran parque. Una de las alternativas barajadas por el actual edil fue obtener el apoyo estatal postulando al Plan “Chile Área Verde”, en que se beneficiaría a treinta comunas del país con la construcción de parques. Pese a la alta contaminación ambiental y al déficit de áreas verdes, con dos metros cuadrados por habitante cuando lo adecuado es nueve de acuerdo a los estándares de la Organización Mundial de la Salud, Chillán no fue incluida en el listado de comunas prioritarias.

Otra opción es la compra de un terreno, pero hasta la fecha todo ha quedado en el plano de las intenciones. “La idea es hacer un parque multidisciplinario para deportes y pasear, con juegos, hacer picnic, ver un espectáculo abierto. Estamos buscando terrenos apropiados, pero también tiene que ser algo en nuestro presupuesto. Como conocemos las necesidades de los distintos sectores de la ciudad, hemos pensado en pequeños parques a lo mejor de una hectárea, eso es mucho más manejable aunque la prioridad la tiene el gran parque”, aclara el alcalde de Chillán, Sergio Zarzar, quien al mismo tiempo agrega: “La figura de Juan Schleyer merece mucho respeto. Pero se trata un proyecto de gran envergadura y en caso de que la municipalidad lo compre – salvo que lo presentemos a un programa – no es llegar y construir. A mí no me mueve inaugurar obras dentro de mi periodo con fines electorales, yo quiero que las cosas se hagan bien aunque tomen tiempo. Mientras tanto en la zona donada queremos hacer un parque como homenaje a don Juan”.

Sonia rechaza de plano que aceptarán esa alternativa: “Zarzar, con mucho humor, se refiere a que pondrá un monolito con el nombre del bisabuelo en el poco terreno que queda, lotes pequeños repartidos entre los sitios dados en comodato, vendidos o donados. Esto sería una burla hacia la familia y hacia la ciudad Chillán. Cuando los bisnietos empezamos a insistir aún quedaban tierras. Pero, como dijo Zarzar en la inauguración de la cancha en las mismas tierras donadas: ‘algo pasó que esas tierras están en manos de particulares`. Si él no sabe qué diablos pasó, entonces quién, reflexiona Sonia.

Efectivamente, como lo plantea Sonia, existe un vacío que el alcalde Zarzar reconoce: “Esa es la explicación que yo quisiera conocer y no se entiende cómo algunas pertenecen hoy al SERVIU, otras donadas, otras en manos de privados. Desgraciadamente la autoridad de todas estas décadas nunca reaccionaron”, asevera el edil. 

Desarrollo versus medioambiente
Desde que comenzó la remodelación de la Avenida O`Higgins y con más fuerza durante el año pasado, diversas agrupaciones de ciudadanos manifestaron su repudio a la masiva tala de árboles en el tramo intervenido, en desmedro de la calidad de vida de los habitantes. Considerando que calidad de vida no solo es mejorar las infraestructuras, también es cuidar el arbolado cuyo rol es clave en la captura de contaminantes atmosféricos y en la absorción del ruido urbano, lo esperado era conciliar ambas posturas en pro de un desarrollo sostenible.

Consultado sobre su compromiso medioambiental y cómo se expresaría este, tomando en cuenta el capítulo de avenida O`Higgins y el retraso en la construcción del parque Schleyer, el alcalde recalcó: “Sabemos que los pulmones verdes son esenciales en los lugares contaminados y estamos trabajando para descontaminar; además hemos creado la Dirección de Medioambiente, Aseo y Ornato, poniendo énfasis en temas de reciclaje. Sobre lo que pasó con la avenida O’Higgins me acusaron de haber botado casi todos los árboles y te das cuenta que eso no fue así. Después hubo un temporal de viento y cayeron muchos árboles viejos, generando peligro. Yo prefiero una vida humana por sobre un árbol, mi labor es primero proteger a los vecinos”.

A juicio de Sonia Jungjohann, estas decisiones del municipio chillanejo dan cuenta de una mirada cortoplacista del bienestar: “Me cuesta comprender que Zarzar siga pensando en que hay que modernizar a Chillán con un casino, más estacionamientos, un complejo deportivo, si no habrá aire limpio para respirar e ir a hacer deportes. Me entristece ver a mi ciudad transformada en una ciudad llena de chatarra en el aire, cemento, árboles cortados, gris, apagada. Estamos viendo el futuro de nuevas generaciones que por vivir en Chillán sufrirán enfermedades por falta de un gran pulmón verde. Mi percepción es que ambos tenemos diferentes miradas sobre lo que es bueno para una ciudad.”, argumenta.


lunes, 23 de junio de 2014

Historias de burdeles en Chillán

A LA MEMORIA DE LAS TRISTES NIÑAS ALEGRES.

Sin el olor de la guayaba que trasmina la literatura de Gabriel García Márquez, más bien con olor a brasero y a humedad, pero igualmente atravesadas por el universal desamparo, transcurren las antiguas historias de señoritas, madamas y burdeles que dieron vida a la noche chillaneja hasta los años 80.
p. Úrsula Villavicencio  y Marcia Castellano


Revista Chillán Antiguo & Vitrina Urbana (pag 27 - 30)


“El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen. Me acordé de Rosa Cabarcas, la dueña de una casa clandestina que solía avisar a sus buenos clientes cuando tenía una novedad disponible. Nunca sucumbí a esa ni a ninguna de sus muchas tentaciones obscenas, pero ella no creía en la pureza de mis principios. También la moral es un asunto de tiempo, decía, con una sonrisa maligna, ya lo verás”.

Así comienza Memoria de mis putas tristes (2004), de Gabriel García Márquez, fallecido este 17 de abril a los 87 años. Si bien, muchos de sus cuentos y novelas hablan de la profesión más antigua del mundo, es en esta obra y en La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1972), donde la prostitución es el tema central. En realidad, el tema de fondo en su producción literaria fue “la eterna soledad del hombre”, como él mismo lo definió, y la prostitución es una forma más de esa enorme soledad. 

El historiador Marco Aurelio Reyes Coca, autor de Crónicas Chillanejas (2011), decano de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad del Bío- Bío, ha sido uno de los pocos investigadores que ha registrado la historia de los prostíbulos en Chillán. “La prostitución es producto de la desigualdad, de la injusticia y es parte de la historia social de esta país. No hay que esconderla bajo la alfombra. Representa un problema social y económico”, y agrega: “es una expresión del machismo”.




LOS GRANDES SALONES
“Acá en Chillán había prostíbulos para todas las clases sociales”, aclara el cronista Marco Aurelio Reyes, quien explica que debido a la reconstrucción de Chillán posterremoto de 1939, el denominado Barrio Chino que operaba como barrio rojo y se ubicaba en Maipón entre Av. Buenos Aires (hoy O’Higgins) y Brasil, debió ser trasladado al callejón Schleyer, contiguo al matadero, para mantenerlo al margen de la ciudad. Sin embargo, poco a poco se fue mudando a la calle Lumaco (hoy Claudio Arrau), entre Cocharcas, Purén y el estero Las Toscas, mientras que los antiguos volvieron a levantarse en Maipón.

En esas oscuras calles florecieron los burdeles más recordados de la ciudad: el antiguo Lognchamps, Los siete espejos, Risas y llantos, La Mery y La Nina. Este último, según relata el cronista, pertenecía a Lastenia Gallardo quien instaló el más afamado burdel del sur, con eximios músicos. Los mejores cabarets pagaban sus propios músicos, no faltaba el piano y tampoco el show, dependiendo del “pelo” de la casa de entretención. El tango hizo furor, tanto como el bolero y los ritmos tropicales, también la infaltable cueca de salón, en los años 30, 40 y 50. 

Los buenos salones, tal como los describe Reyes en una columna publicada en La Discusión, eran de “altas paredes, zócalos de madera y cornisas de yeso, adornados de rosetones y merengues, donde colgaban enormes espejos enmarcados en anchas molduras doradas cargadas de motivos estilos luises o imperiales franceses, siempre inclinados para reflejar el enorme brillo y la selecta concurrencia. Cortina de puertas y ventanas de brocato o terciopelo, flecos y borlas, redecillas barrocas de seda coloreada”. Mientras que otros eran pobres y desgarbados, con olor a humedad y a orines, según recuerdan algunos ex clientes entrevistados.



"Tía Sabina Navarrete", 
dueña de la casa de remolienda más elegante de Chillan 
en el principio del s. XX. (Reportaje en edición)


LAS ASILABAS
“La llevó con el tendero del pueblo, un viudo escuálido y prematuro que era muy conocido en el desierto porque pagaba a buen precio la virginidad”. (“La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada”, Gabriel García Márquez). 

Las llamadas “cabronas”, “regentas” o “madamas” no eran precisamente las abuelas de sus niñas como en la novela de García Márquez, pero sí eran unas señoras que tenían el mismo origen que sus asiladas y que se las habían ingeniado para hacerse dueñas de su propio lupanar. Algunas de esas importantes señoras de la noche se casaron con notables hombres de la sociedad chillaneja. Según el testimonio de uno de los habitués, la llamada “Tía Mery” (la rica), “usaba joyas caras, sus manos llenas de anillos de oro” y habría pesado 240 kilos al momento de su muerte.

Tampoco la venta de la virginidad era algo muy común en Chillán, pues la mayoría eran adolescentes migraban a la ciudad huyendo de alguna historia de violación o embarazo. Por eso cuando llegaban ya no tenían un virgo para vender. En caso de recibir la visita de los inspectores solicitando los carnets sanitarios de las señoritas en las casas que tenían patente legal de boite, lo habitual era camuflar a las menores de edad haciéndolas pasar por “la sobrina del campo”.

Con frecuencia, la mujer había dejado un hijo o más en el campo. Quizás por eso abrazaban con tanta ternura a los niños del barrio, como recuerda Arturo -a quien solo conoceremos con ese nombre- criado en el barrio rojo. Su madre era modista por eso creció viendo a “las chiquillas” (que ya no eran tan chiquillas, según recuerda) desnudarse sin pudor en su casa para probarse los vestidos. En días de fiesta, los niños corrían en bandadas a abrazar a las señoritas de la calle Maipón, entre Brasil y la Av. Buenos Aires, para sentir cerca su generosa anatomía. “Perfumes como esos no he vuelto a sentir nunca más… algo entre jabón Lux y aroma de flores”, confiesa Arturo. Hoy piensa que quizás extrañaban a los hijos que dejaron en el campo o a los que no pudieron tener. Recuerda que hasta los años 70 había al menos una comadrona abortera por cuadra en esta ciudad.

EL NIÑO DE ENFRENTE 
Con un paquete de ropa lavaba y planchada o una ollita con comida en la mano, el niño Luis atravesaba la calle y tocaba la puerta de los caserones que se levantaban frente a su sencilla casa baja. Pispaba curioso lo que ocurría dentro de aquellas casas donde “algo” sucedía que todo el barrio sabía y que él pronto aprendió a entender. Por las mañanas, el olor a trago que caracterizaba al barrio por las noches, el olor a cigarro que las mujeres se asomaban a fumar por las ventanas de los segundos pisos por las mañanas, impregna los recuerdos del reconocido artista gráfico, Luis Arias. 

Recuerda su infancia en la ex calle Lumaco, donde también vivían familias trabajadoras y algunas prestaban servicios como lavado y cocina para sus ruidosas vecinas. Así fue como el artista creció presenciando la extraña convivencia entre las risas, la música, el erotismo y el más profundo desamparo.

Recuerda que a algunas de aquellas mujeres, así como también a algunos bohemios conocidos como “los malentretenidos”, les ganó soledad y optaron por evadirse definitivamente de la vida, suicidándose, tal como sucedió con una joven de 16 años que varios han mencionado en sus relatos. Luis nunca supo el porqué de esa decisión, aunque adivinarlo no era muy difícil: “Veía niñas muy bellas y muy desencantadas de la vida”, comenta el artista.

En su barrio estuvieron las míticas casas de La Mery rica, La Mery pobre, La Nina, La Marión, el Embassy Cabaret que luego fue el Tropicana, La Pancha Pistola, Purén 315 y el mítico Portal Rojo que sobrevivió hasta hace pocos años. Recuerda los escándalos nocturnos y los botellazos, las risas y las peleas, pero sobre todo, la música.
Años más tarde conoció al gran artista del bandoneón Francisco Marcial Estay, conocido como “El polaco”, quien llegó a Chillán en los años 80 contratado por Las Tinajas, esa gran casa que estuvo en el bajo de Chillán Viejo y mantuvo su esplendor hasta mediados de los años 90. Sitio nocturno que se caracterizó por ser el sagrado refugio de la juerga en tiempos de toque de queda. Todos recuerdan que los de izquierda y derecha pasaban la noche de “toque a toque” en democrática convivencia.

LAS NIÑAS QUE TE TRATAN DE TÚ
Otro habitué que no teme revelar su testimonio con nombre y apellido es Belisario Venegas Muñoz, quien comparte su historia como un testigo más de la época.

“La noche de juerga para los descarriados de aquellos años (los 60), comenzaba alrededor de la medianoche y por lo general, se calentaba motores, es decir, se hacía la previa, como se dice hoy en día, al calor de unas cuantas pílsener en el restaurante El Berlín… Cuando llegaba la noche, el barrio comprendido entre las calles Lumaco, Maipón y Purén, dejaba su aparente tranquilidad provinciana y empezaban a aparecer las luces multicolores y las ‘niñas que tratan de tú’, las que lo tomaban a uno del brazo invitándolo a pasar con suaves susurros”.

"La calle de las putas", ese era el nombre real que por aquellos años se le daba al sector, agrega Belisario Venegas: “La visita a los burdeles era una costumbre muy arraigada en la sociedad provinciana. Se trataba de que el niño demostrara que era un macho recio y no un maricantunga que deshonrara a la familia. Todo el mundo hacía la vista gorda, incluidos los papás y las mamás, los que aparentaban total ignorancia de las andanzas nocturnas de sus retoños. Incluso fingían tragarse la chiva de que la gonorrea se la habían pegado en un baño”.

MIS MEMORIAS EN TERCERA PERSONA
Pocos hombres mayores de 40 se atreven a confesar sus andanzas nocturnas por los burdeles. Según lo que “otros les contaron”, las casas de niñas eran visitadas por peones y patrones: por autoridades regionales, locales, políticos, hombres ricos y pobres. Incluso, en los relatos surge el nombre de un connotado político de la zona, militante del partido radical, que tuvo gran amistad con una de las madamas.

Había burdeles donde se servía vino y whisky del caro, hasta los que servían el pipeño y ponche para los parroquianos menos adinerados. Los clientes más ricos, muchos de ellos patrones de fundo, podían mandar a cerrar la casa para que las señoritas solo los atendieran a ellos y a sus amigos. A otros no les alcanzaba para comprar los cariños así que solo pagaban su trago y se iban, pero al menos podía presumir de haber estado ahí porque ir a las boites era una cuestión de estatus.

Así la prostitución floreció al amparo de la hipocresía de los padres, las madres, las esposas, las autoridades y la complicidad generalizada de toda una ciudad. Las esposas se hacían las desentendidas cuando su marido iba a cumplir sus fantasías a otra parte; así también les tocaba aguantar calladas cuando sus cónyuges les transmitían alguna enfermedad. Las madres callaban, porque así se mantenían decentes las señoritas decentes; y los padres alentaban, porque así se hacían hombres los hombres.

Otro “malentretenido” de los años 80 -hoy de 45 años- también aporta su versión aunque guardando el anonimato: “Yo empecé a visitar los burdeles cuando tenía como 14 años. Tenía una tía política que tenía una boite en calle Lumaco 1147. Mis hermanos y yo íbamos a las celebraciones de las Marías, ya que la dueña era la Tía Mery, y en esa celebración cerraba el local y solo compartía con las niñas que trabajaban ahí y los parientes. Yo era menor de edad y entraba, eso de la edad no era problema, creo que llegaron muchos a iniciarse en el sexo en las boites. Entre las prostitutas había menores de edad, niñas del campo y todas tenían un cafiche”. 

Así fue hasta los años 80, cuando comenzaron a decaer las llamadas “casas de señoritas”, “casas de niñas”, “casas de Irene”, “casas de remolienda”, “casas de altos”, “casas de huifa”, “casas de lenocinio”, “lupanares”, “burdeles” o como quiera que se les conozca a los prostíbulos, reflejo de la hipocresía imperante. Con la muerte de las regentas, también fueron desapareciendo sus pequeños imperios del placer y del machismo. “En Chillán cambiaron los patrones culturales, se fueron cortando amarras de tipo religioso y cambiando los patrones morales”, explica el historiador Marco Aurelio Reyes. También han cambiado los métodos de trabajo de las prestadoras de servicios sexuales. “Antes tenía otra connotación más social. Hoy día la prostitución es como la sociedad: cada uno vive su metro cuadrado”, afirma.

sábado, 17 de mayo de 2014

El misterio de los túneles de Chillan

p. Máximo Beltrán



pag. 26 Revista Chillán Antiguo & Vitrina Urbana



Nuestros tatarabuelos nunca se imaginaron que los conductos urbanos de evacuación fecal serían tema de interés patrimonial en el siglo XXI. El tema ingenieril y que atañe específicamente a la salud pública en la construcción del Chillán Nuevo (1835) fue previsto por las autoridades de aquel entonces, asegurando un sistema de alcantarillado y evacuación con la tecnología de la época.

Queremos inventar túneles misteriosos y conclaves iniciáticos; insuflar leyendas y buscar piedras filosofales sin siquiera deshilachar el guante; ¿para qué rasguñar la piedra? Si el polvo de “oro” está suspendido en cada recodo de Chillán ¿acaso no miramos?

Sirvan estas palabras de introducción a un texto que encontré en un libro de 1980, Chillán gesta de cuatro siglos (1580-1980) (pag. 25) por Rolando Fernández Parra; y nos ilustra a todos que son los “misteriosos túneles de Chillán”. Este libro reúne a la pléyade de intelectuales de la época, por cierto, la mayoría ya distantes en el espacio, pero que magistralmente el maestro Rolando convocó para contarnos los verdaderos “relatos de Chillan”; no los imaginarios, sino aquellos con olor a tiempos reales y a significancias latentes, vivas.

El alcantarillado que se recuerda, era un canal abovedado de cal y ladrillo, de más o menos un metro de ancho, que corría de oriente a poniente por el centro de las seis manzanas centrales de la ciudad, entre las calles Talcahuano (hoy Arturo Prat) por el sur hasta la de Vega de Saldías por el norte. La alcantarilla pasaba por el centro de las manzanas según fuera la conformación interior de las propiedades que servía, y los servicios higiénicos se colocaban sobre el canal en forma tal que se evitaba la acumulación de materias fecales en el centro de la ciudad.

Para los servicios higiénicos de entonces (fines de 1800) solo se usaba el cajón horadado y el aseo de la alcantarilla se realizaba vertiendo agua desde un canal que corría por la cañada oriente (hoy Av. Argentina), la que arrastraba los desechos hasta un cauce abierto construido en la cañada Poniente (hoy Av. Brasil), y ahí se iban a vaciar al estero Las Toscas. Los trabajadores que saneaban podían ingresar a estos desde las aceras por donde pasaba, accediendo a través de compuertas de unos setenta centímetro fabricadas en hierro dulce, las cuales se mantenían permanentemente bajo llaves.

Tan primitivo sistema, sencillo pero útil, estimados vecinos, 
era el tan magno-misterio de los túneles.

Higiene en Chillán de 1900

p. Máximo Beltrán



pag. 10 Revista Chillán Antiguo & Vitrina Urbana


Si a las calles de tierra con polvo en el verano y en invierno el barro, agregamos el estiércol de los animales que circulaban por la ciudad, la higiene constituía uno de los mayores problemas en Chillán, que en el censo de 1895 arrojaba una población urbana en torno a los 23 mil habitantes.

Por la ciudad de fines del siglo XIX circulaban diariamente 900 animales, principalmente caballos, bueyes y vacas que producían unas 14 toneladas de estiercol, los cuales eran depositados temporalmente en caballerizas y establos antes de ser comercializados como abono para faenas agrícolas.

Los malos olores, las moscas y el calor del verano saturaban el ambiente, acusando un alto problema higiénico. Con altas concentraciones de CO2 en los espacios cerrados, es de imaginarse la alta combustión de lamparas para la iluminación, leña y carbón para las cocinas y para la calefacción durante el invierno. Victor Villagra Gacitúa (Higiéne de las calles, Memoria para optar al grado de licenciado en la Facultad de Medicina i Farmacia, Universidad de Chile. 1900), profundiza estos argumentos al señalar que el principal problema de higiene en las calles de Santiago eran "las excreciones animales y clandestinas de transeúntes, polvo y barro según la estación, basuras caseras y la censurable costumbre de depositar el producto de las cloacas en la vía pública". Si esto sucedía en Santiago, es de imaginar que en provincia la situación no era mejor.

Los cementerios de aquellos años emplazados muy cerca de tierrea fértiles y bordeando esteros, además de un precario sistema de alcantarillado, nos fotografían una urbe donde se hará necesario ingresar al siglo XX interviniendo la ciudad con una mirada de salud-pública.

Los cambios realizado desde el Chillan colonial de la cuarta fundación (1835) a un Chillán moderno, lo debemos a dos hombres que se hermanaron a través de una mirada holística y de futuro, lo quiso así el destino y la ciudad recibió sus cuidados. Se trata Vicente Méndez Urrejola y José María Sepúlveda Bustos, el primero en su puesto de intendente de Ñuble (1907 -1920) y el segundo en su calidad de regidor y posteriormente alcalde de la ciudad (1893 – 1921). Durante más de una década trabajando unidos,  Chillán paso del huevillo y calles de tierra al adoquinado; el  sistema de cloacas da paso lentamente a un alcantarillado que comienza a cubrir más solares; el mejoramiento del servicio de agua potable; la creación del cementerio municipal al poniente de la ciudad; el cierre de los cementerios Parroquial y Alemán; la instalación del sistema eléctrico en 1908; el  fin de los carros de sangre (red de transporte público de carros tirados por caballos) y la bienvenida al tranvía . Si bién quedaba un largo camino por recorrer, las bases del progreso ya estaban instaladas.


jueves, 1 de mayo de 2014

LAS TINAJAS DE CHILLAN VIEJO.

 p. Juan Carlos Olmedo Ulloa.





Sobre Las Tinajas de Chillán Viejo su mejor época fue en los años 80, no había bohemia en Chillán, el toque de queda había dejado a nuestra ciudad sin rumba ni cha-cha-cha, aparecieron unos oscuros y tímidos topples para calentar las noches chillanejas, si hasta en nuestra Estación de Ferrocarriles se instalo uno que trato de subsistir ante una avalancha de escandalizadas voces de morales señores, que igual iban a echar una miradita para ver si era verdad que al son de la música y luces de colores nuestras criollas vedettes quedaban con sus pechugas al aire, me contaron que la gritadera era total, los aplausos y silbidos pedían un "strip-tease" total, la bailarina tímidamente se desprendía de su diminuto calzoncito... a esas alturas de la noche los últimos billetes, con billetera y todo quedaban esparcidos en el escenario... era hora de volver a casa con las primeras luces del alba, de la hilaridad de la noche pasábamos a la terrible realidad, las explicaciones siempre son difíciles, sobre todo cuando hay que pagar la luz y el agua. 

En fin, eso era lo más atrevido que podía tener Chillán, de estos primeros giros libertinos nace una genial idea empresarial, llegan "Las Mulatas" a el famoso Night-Club "Las Tinajas" de Chillán Viejo, un tsunami de samba con tambores brasileños hacían mover nuestros tímidos pies, la algarabía era total, las plumas y las luces le daban al salón un aire salvaje y mágico, la economía del país mejoraba con la economía de Buchi, como la levadura aparecieron las mejores bandas de Santiago, llegaron los cantantes de boleros, el espectáculo era total, "las Mulatas" daban para todo, la fantasía de ver a una negra en sábanas blancas era una locura, puedo casi jurar, que no hubo político, comerciante, ni buen poeta que no hubiera ido para "salir del empacho", doy fé, señor Juez, que las Tinajas compraban Coca-Cola por camionadas, hasta que un buen día un concesionario de la Ramada Oficial deL Rodeo de San Carlos le roba los huevos al águila, "Las Tinajas" pierde a sus queridas "Mulatiñas" -que eran tres- por un misero puñado de billetes, así se van con su samba y sus tambores a San Carlos, el nuevo jefe rápidamente se da cuenta que las morenas brasileñas dan más dinero que nuestras criollas empanadas, deja la ramada botada y se las lleva de gira primero a Cobquecura, donde les muestra la calidad de nuestras playas y la Iglesia de piedra, luego más al norte, a Cauquenes donde se les pierde la pista, nuestros atrevidos y queridos compañeros nocturnos, lloran de dolor, no por la perdida de las negras mulatiñas, sino por una galopante ola de venérea contagiosa y dolorosa como extracción de muelas sin anestesia, pero venia algo peor, el rumor de la palabra SIDA se escuchaba por primera vez en nuestra ciudad, ahora eran los hombres los que tenían que ir a hacer "strip-tease" a nuestros queridos médicos de Chillán, de las mulatas felizmente nunca más se supo ya que los huasos chillanejos los único que querían era agarrarlas a rebencazos, ya no llegaron las cantantes de bolero a Las Tinajas y siguió su vida como todos los artistas, la función debía continuar, aunque sea morir saltando...