jueves, 27 de junio de 2019

CHILLÁN, resignificando material antiguo y devolviéndolo a través de un nuevo lenguaje

p. Máximo Beltrán

















CHILLÁN en postales de Máximo Beltrán

Chillán
"nuevas miradas"

















Historia de Chillán en imágenes, desde 1580 hasta 1835 (material docente)

Chillán 1580 - 1835

p. Máximo Beltrán




















Estudio Genealógico de Chillán - San Carlos - Perquilauquén y Concepción


Acción y palabra se cruzan, 
se complementan, 
se necesitan mutuamente; 
trascendemos en las futuras generaciones 
cuando nos encontramos a nosotros mismos repitiendo: 
“mis padres decían”



ESTUDIO GENEALÓGICO DE LOS VALLES DE
Chillán, San Carlos, Perquilauquén y Concepción
a través de la narrativa de parte de las familias
Beltrán - Arias - Fuentes - Henríquez
S. XVI al s. XXI
p. Máximo Beltrán


FUENTE:
ARCHIVOS PARROQUIALES / Concepción, Chillán, San Carlos
CENTRO DE HISTORIA FAMILIAR / Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Dias
LO QUE FUE DE LA INQUISICION EN CHILE / Benjamin Vicuña Mackenna 1862
DICCIONARIO BIOGRAFICO DE CHILE / José Toribio Medina 1906
LOS CONQUISTADORES DE CHILE / Tomás Thayer Ojeda 1913
ORIGEN DE LOS APELLIDOS EN CHILE / Luis Thayer Ojeda 1917
ORIGEN DE LAS ANTIGUAS FAMILIAS DE CHILLAN 1580-1800 / Gustavo Opazo Maturana 1935
HISTORIA DE LOS MARRANOS / Cecil Roth 1941
NUEVOS ANTECEDENTES PARA UNA HISTORIA DE LOS JUDIOS EN CHILE COLONIAL / Gunter Bohm 1963
HISTORIA DE LOS JUDIOS EN CHILE / Gûnter Bôhm 1984





“El árbol genealógico
liga el origen con
el destino de la humanidad,
y cubre la distancia
que va del cielo a la tierra”

CHILLÁN (1580) Tierra de conversos.

p. Máximo Beltrán

CHILLÁN 1580




Aquella huella que fue sin duda borrada por ese invierno implacable de 1580, no impidió que hombres y mujeres llegaran  desde Concepción a fundar un nuevo fuerte, el viejo“Ildefonso”  había dado inicio a un poblamiento escaso pero auguraba la necesidad de proteger los territorios del Perquilauquén,  y Ñuble.

Lanzas y trabucos se unieron en disímil lucha, la conquista se estaba escribiendo y los llanos del Itata y el Diguilin teñirian con sangre sus aguas turbulentas. Esa mañana del 26 de junio de hace 439 años se reunieron abrigados nuestros padres;  estaba despejado , pero el frio reinante no fue ninguna excusa para firmar el acta donde quedarían inmortalizados esos hombres toledanos y sevillanos,  que por alguna razón que relatarían a sus familias posteriormente, habían cruzado el ancho mar.

Aquí, en el fin del mundo, en una nueva frontera, escribieron en silencio una nueva genealogía, quizás para exorcizar la angustia del desarraigo y la huída, que cien años antes la pila bautismal  había impuesto a sus padres en esa España,  que a pesar de las aguas bautismales a la fuerza y sinagogas convertidas en iglesias, extrañaban…

martes, 25 de junio de 2019

¿We Tripantü o Noche de San Juan?

ZILEY MORA
Publicado el 24 de junio de 2019
Diario La Discusión

No nos enredemos: en su fondo es lo mismo, y lo importante es celebrarlo. Lo único que cambia es el contexto interpretativo dependiendo la cultura del celebrante. Lo que importa es abrirse y bendecir la energía -la luz solar- que se renueva en cada solsticio de invierno. Claro, uno es la celebración mapuche del Año Nuevo y la otra una estrategia criolla-católica para seguir siendo los chilenos “hombres y mujeres de la tierra”. A inicios de la Colonia, la noche del 21 astutamente se hizo coincidir con la noche del 23 para que la fiesta del we tripantu pasara “piola”.


Arte Máximo Beltrán

El sol comienza a nacer tímidamente y empiezan a alargarse los días: las sombras avanzan “una pata de gallo” cada día, decían los antiguos kimche, a partir de esa noche del 21. En este nuevo período, la Tierra comenzará a limpiarse con el agua que envía la Füta Newen (“La gran Energía”) a través del Ngenko (‘el espíritu del agua’), humedad que junto al leve calorcito del sol, provocará el nuevo ciclo de preparación del suelo, preparándose la Naturaleza para otro ciclo. Esta noche se dejaba una rama de canelo dentro del muday (en el Ñuble de los campos, una ramita de ajenjo y romero dentro del vino) todos se bañaban muy al alba, justo cuando las Pléyades o “las Cabrillas” impregnaban de salud máxima a las cascadas y esteros. Fiesta para todos, puesto que toda la Tierra se beneficia del Sol, que es el padre que aporta, a través de su energía masculina (opuesta y complementaria a la Tierra femenina), para que se produzcan alimentos para todos los seres vivos, no solo a los humanos.

Por tanto, el We tripantu, el Año Nuevo mapuche, es una fiesta de agradecimiento por la vida que se renueva. Se dialoga con el Sol, y se está contento de que vuelva, y con él los humanos -y todo lo que tenga vida- sienten que vuelven a crecer. Durante este día -y hoy Ud. y todos podemos volver a hacerlo- de preferencia se comían huevos, y se renovaba el ajuar: se tiraba la ropa vieja para que se la llevara el agua y se lucía una prenda recién tejida. Para llamar lluvia y no sea un año seco, se danzaba a pie descalzo, para así, además, tomar el rocío poderoso por la planta de los pies y hacer comunicación entre el cielo y la tierra. Porque somos conectores, con ayuda del kultrun que sigue el ritmo del corazón en dos tonos, uno más lento y constante y otro más rápido, lo humano se sintoniza de nuevo con el pulso del Universo.


Arte Máximo Beltrán


Nuestro We-tripantu mapuche, de a poco fue siendo complementado por otras costumbres, entre esas, la de azotar los árboles infértiles y que la mujer los defienda. Resultado, tal como yo lo viví en mi infancia, el naranjo o el peral que nunca daba ese verano se llenaba de frutos. O el verse la suerte la noche del 23 de junio, el oráculo de colocar tintas en un papel, pelar papas de tres maneras, poner los pies en un recipiente con agua y mirarse al espejo y allí ver cómo viene el año. ¿Muy “volado” o demasiado supersticiosas estas campesinas prácticas? Muy relativo, dado que este moderno mundito del auto o del celular que creemos estar viviendo, la circunstancia visible, es apenas una pequeñísima rebanada de la realidad. Solo percibimos un porcentaje de 1 en 10 billones del espectro electromagnético, por citar so lo un ejemplo. Nuestro sensorium es suficiente para movernos en nuestro ecosistema, pero no más, dado que el 99.9% de los átomos están constituidos por espacio vacío. Y el 96% del universo es invisible, está compuesto de materia y energía oscura, mayormente desconocida para la ciencia. Por eso quizás, antes, con la mente limpia del basural tecnológico, podíamos ver la Flor de la higuera blanca que esa noche recorre toda la mata, y que como Santo Grial hace digno del Cielo al que la ve.