domingo, 23 de junio de 2013

EL CHIFLÓN del DIABLO

p. Marco Aurelio Reyes Coca


Hace 50 años, la avenida Ecuador, entre Lumaco y Francia, al costado norte de la vía del trencito a Recinto, era un barrio bravo y peligroso. Dos puntos negros avalaban el asero: “Chiflón del Diablo”, entre Lumaco y el Rancherío avenida Francia, justo en la misma salida norte de la ciudad.
El Chiflón del diablo, correspondía a la llamada Población Caridi, un intrincado callejón sin salida donde se fueron instalando, poco a poco, viviendas de emergencias edificadas con tablas y deshechos, en medio del lodazal o barrial según fuera la estación del año. Llegaron carretones, cocheros, areneros, cargadores, choferes, ripieros, ambulantes, artesanos, lavanderas o domesticas, mezclados para su desgracia, con el lumpen.  Dueño del peladero era don Humberto Caridi, cuya fábrica de tallarines se ubicaba enfrente, para usar mano de obra entre los pobladores.

Al final del Chiflón del Diablo, se encontraban las pesebreras de las pompas fúnebres de la familia Chico, la cual contribuía a confundir aún más los límites de la vida infrahumano de los habitantes del baldío.

Carentes de todo servicio básico, la vida –se así se puede llamársela- transcurría entre la explotación laboral de hombres y mujeres, del rumiar la pobreza, del alcoholismo, rencillas y penitencias, y del palomillerío que correteaba el trencito a Recinto hasta la parada de “Cruz de Rifo” o bien chapuzando en el Canal de la luz. Se mezclaban don Segundo “El Ripiero”, el mimbrero “Pate e Palo” y  su “Juana Borracha”, el “Duende de los `pollos”, el “Calambre” caído de un puntazo, o bién, Rosalino Opazo, “El Gitano”, un camionero amigo de los zíngaros que pasaban su temporada chillaneja junto al “Chiflón del Diablo”, un submundo por el resto de los habitantes de la ciudad.

El “Rancherío” de avenida Francia, entre los canales chico y el de la luz, no sólo proveía de mano de obra el molino San Pedro, en la Cruz de Rifo, sino que también a los malandrines, aumentando así la mala fama del sector. Punto neurálgico era “El Negro Bueno”, antro de guapos delincuentes y vagos, donde las riñas a “chuzazos” era el pan nuestro de cada día, por lo cual ni los Carabineros entraban, por precaución. Para que hablar de los “afuerinos”. Famoso fue el pendenciero “Santa Elvira”, asi bautizado por los incautos carretoneros del pan, la leche o las verduras a quienes cobraba “peaje” diariamente. Tampoco podía faltar entre esa fauna un “pelao pleiteador” como el famoso José Leiva.

Estos sectores eran tan frágiles en sus condiciones de vida, que al regidos Vitaliano Pedrero se le consideraba un benefactor por haberles conseguido pilones de agua, condición primaria para vida humana que casi no conocían.

La peligrosidad del barrio quedó testimoniada en las páginas de La Discusión: “la venta desmesurada de bebidas alcohólicas ha dado margen a pendencias y robos en el cruce de la calle 5 de abril, por la existencia de expendios clandestinos de alcohol abiertos hasta horas de la madrugada” (30 de junio de 1958). O esta otra antología: “Por solicitud de la Intendencia, Carabineros de Chile deberá intensificar la vigilancia en 5 de abril al norte, debido a los frecuentes asaltos de más actos delictuales” (2 de julio de 1958). Para que explicar tales noticias.


Este peligroso y abandonado sector poblacional fue cayendo ante el progreso.  Algunos de los más desvalidos fueron trasladados en la década de los 70, hacia el “Barrio Chino”, otro punto negro que pareció heredar la mala reputación del “Chiflón del Diablo” y del “Rancherío” de la avenida Francia de hace medio siglo.

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