jueves, 9 de septiembre de 2021

Libro Chillán su historia, mi historia / Presentaciones, conversatorios (...)



CONVERSATORIO Y PRESENTACIONES
Libro Chillán, su historia, mi historia
Autor: Máximo Beltrán Fuentes



Proyecto financiado por el
Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio







GRUPO AVENTURA DEL SABER
Biblioteca Municipal de Chillán
25 de agosto / 2021







COLEGIO BICENTENARIO DARIO SALAS
26 de agosto / 2021







AGRUPACIÓN PINTARTE
Actividad "insitu" en el puente Libertad Oriente
28 de agosto / 2021


  




HOSPEDERÍA NOCHE DIGNA
30 de agosto / 2021




 




COLEGIO BICENTENARIO
ENRIQUE SALINAS BUSCOVICH
31 de agosto / 2021







AGRUPACIÓN CULTURAL
CONVERSANDO CON VERSOS Y CUENTOS
13 de septiembre / 2021
















sábado, 21 de agosto de 2021

CHILLÁN VIEJO LA FIESTA REPUBLICANA DEL 20 DE AGOSTO


UNA TRADICIÓN 
QUE SE RESISTE A DESAPARECER
por Julio Agustín Parra Luna 
un chillanejo radicado en La Florida, agosto de 2021


"La historia de los pueblos
está escrita desde sus luces y sombras,
y es desde el habitáculo de la memoria
que nos va entregando lineas
para anudarnos y no perdernos
en el desvarío del olvido"
(Máximo Beltrán)))

Somos recuerdos, y son esas imágenes y olores, los que nos forman; aún si las circunstancias nos separaran del terruño, de nuestros muertos y recuerdos; seguiremos atados irremediablemente y sin soborno a nuestra historia. Julio Parra Luna, nos invita con su recuerdo y la valentía propia de los que escudriñan y SE escudriñan , a viajar a esa “fiesta republicana” del 20 de agosto que se resiste a desaparecer y que habita en su memoria. (edición blog)



Foto aporte sra. Luisa Silva Figueroa
Desfile en Chillán Viejo (1960 circa)



El 20 de agosto una fecha en el calendario que me marcó desde muy niño cuando conmemorábamos en Chillán y Chillán Viejo el natalicio de Bernardo O´Higgins Riquelme (20 de agosto de 1778) considerado prócer de la patria tras haber participado en el proceso por la independencia de Chile. Ejerció la jefatura del Estado bajo el título de Director Supremo entre 1817 y 1823. Proclamó la Independencia de Chile el 12 de febrero de 1818, formalizando la ruptura de la dependencia colonial respecto de España.

En relación a este día, durante el año 1966 bajo la presidencia de Eduardo Frei Montalva (1964-1970) se declara feriado escolar para la comuna de Chillán. Posteriormente, el 18 de agosto de 2014, en el segundo gobierno de Michelle Bachelet Jeria (2014-2018), se decretó como feriado, para Chillán y Chillán Viejo.

La relevancia de esta efeméride se manifiesta en el Acto Cívico de Celebración frente a la Plaza de Chillán Viejo, una ceremonia de carácter republicano. Los chillanejos asistíamos masivamente a este tradicional evento de conmemoración y homenaje al hijo Ilustre y Padre de la Patria.






El acto y desfile una tradición histórica muy esperada por toda la ciudadanía. Chillán era una fiesta llena de magia y jolgorio, en ella participábamos la comunidad, junto al desfile militar encabezado por la banda del regimiento y un gran contingente de las FF.AA. y Carabineros, Bomberos, Defensa Civil, Organizaciones Sociales, Instituciones Públicas y de Servicio de la Comunidad, Scouts, Escuelas y Liceos junto a Profesores, etc.

En la escuela nuestros profesores nos preparaban ensayando días antes para el desfile oficial. Era un orgullo como escolares desfilar frente a las autoridades de la comuna. En los cursos confeccionábamos banderitas, pompones y gorritos con los colores del tricolor nacional.

Desde calle Libertad y por Avenida O’Higgins, se iniciaba el desfile con todas las instituciones que se iban incorporando en el trayecto, en ambas veredas la multitud los acompañaba hasta Chillán Viejo; no había barreras papales, las personas circulaban libremente, solo que apenas se podía avanzar por el gentío. La muchedumbre iba a mirar pasar el desfile de los militares en la Plaza La Victoria frente a mi querida Escuela N°1. La gente que no asistía se instalaba en las puertas de sus casas a observar el paso marcial de los soldados y civiles participantes.

Una fiesta en la cual se despoblaba la ciudad, familias completas acudían con sus niños y sus guaguas; todos queríamos presenciar este magno acontecimiento del cual disfrutábamos año a año. Una gran fiesta cívica, ciudadana. Chillán era una fiesta llena de colorido.

Era emocionante estar ahí en medio de esa algarabía, ver la gran afluencia de público y ser protagonista de este acontecimiento orgullo de los chillanejos. Los vendedores voceando sus productos: globos, remolinos, banderitas chilenas. También manzanas confitadas, algodón de azúcar, churros, empanadillas, palomitas de maíz, empanadas fritas, sopaipillas… Estudiantes con sus stands vendiendo diferentes productos con el objetivo de reunir fondos para sus paseos de fin de año.

Recuerdo a mi hermano Omar y Manolo Andrade muy pequeños yendo al regimiento a esperar que salieran los militares y venirse con ellos marchando hasta Chillán Viejo. Tanta era su admiración que años después formará parte del ejército.

Paradojalmente esta tradición se rompió con el gobierno militar, los soldados no salieron más desde el regimiento sino que llegaban en camiones a Chillán Viejo al desfile. Se comenzó a acordonar con vallas de seguridad, medida que continuó, en algunos casos, en democracia con el Presidente Piñera, restringiendo el acceso de la gente hasta el mismo lugar de la ceremonia. Ya no existe el entusiasmo de antes en los chillanejos, la magia terminó.

Se hizo tradición desde el presidente Salvador Allende Gossens (1970-1973) que los presidentes de la república asistieran regularmente todos los años a la ceremonia oficial del Natalicio del Padre de la Patria en Chillán Viejo.

Recuerdo el año ‘73 cuando los militares antes que terminara el acto oficial mientras pasaba una larga columna de instituciones, personas y trabajadores que representaban organizaciones sociales y de la comunidad, se levantan rompiendo el protocolo y se van. Sentí el miedo. Miedo por lo que venía… se sentía en el aire un ambiente enrarecido, incierto… fui testigo presencial del desaire y agravio al presidente.

Al año siguiente siendo estudiante de la Universidad de Chile-Sede Ñuble en Historia y Geografía, carrera que fue reabierta después de haber estado clausurada un año. La mayoría de mis buenos profesores se fueron al exilio, algunos de mis compañeros no volvieron; llegaron nuevos profesores uno de ellos Juan Saavedra mi profesor de Historia de América. En el desfile oficial del año ‘74 asistió el dictador Augusto Pinochet Ugarte (1973-1990), y uno de los centinelas que lo protegía era mi profesor con una metralleta en sus manos. Lo demás es historia.









martes, 10 de agosto de 2021

Libro Chillán, su historia, mi historia / Prensa


PRENSA Y PUBLICACIONES RELACIONADAS CON EL LIBRO






Proyecto financiado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio,
Convocatoria 2021

 

Publicación 5 de agosto 2021
Diario La Discusión de Chillán


Entrevista / Catalina Garcés Rondanelli / Diario La Discusión
¿De qué tiempo data la investigación y redacción de este libro?
Esta investigación versa sobre la búsqueda de un narrador para un gran relato de historias olvidadas que no han sido relatadas desde la mirada academicista; el viaje realizado a la vera de los tópicos patrimoniales durante el transcurso de mi propuesta identitaria me fue revelando una historia de Chillán que se cuenta solo a través de un gran archivo oral; relatos amarrados a una historia paralela donde el gran telón de fondo es Chillán.

¿A qué debe el eslógan “somos células, organizadas en torno a un relato”?

Somos células organizadas en torno a un relato; dialogamos con una identidad que se resignifica a cada instante y es en torno a esa resignificación es donde vamos amarrando nuestro relato…dejando una huella impensada en este gran viaje de identidad donde me revelo a que el olvido y la ventisca del ahora borre esas pisadas

¿Hay todavía extractos de la historia de Chillán que no se hayan expresado en sus anteriores publicaciones?
Siempre existirán vacíos que se puedan completar en futuras publicaciones; este libro es un adelanto de algo que comienza; y sin miedo a equivocarme podría decir que Chillán es un gran pergamino que amerita ser develado con paciencia y sin prejuicios históricos.

¿Cuáles son los ejes de este libro?
Este libro tiene como columna vertebral la historia de una familia que va revelándose a través de Alonso y su diálogo familiar durante 400 años, teniendo como telón de fondo la gran cartografia chillaneja.


Publicación 8 de agosto 2021
Diario Crónica de Chillán / columna literaria
por Laura Daza Valenzuela



Hace algunos años, la página Chillán Antiguo se convertía en una vasija de experiencias individuales que recorría el mundo a través de la red. Chillanejos en diferentes lugares del planeta añoraban con nostalgia enfermiza la tierra-útero que albergaba la primera infancia y la historia de cada uno de ellos y la de sus familias dispersas a lo largo del tiempo, con un punto en común: Chillán.

Máximo Beltrán, regresa con este libro Chillán su historia mi historia, resignificando la memoria, instalando un nuevo concepto de identidad, más personal y cercano, construyendo una especie de diálogo colectivo con los espacios que transitamos diariamente en esta ciudad sembrada de huesos y refundada en su mayoría, a punta de porfía y pertenencia de sus habitantes, que, a modo de reconciliación con un paraje hostil por sus desastres naturales y políticos, son capaces de abandonar y regresar en diferentes siglos, estableciendo la diáspora como un camino de salvación, pero jamás de olvido. La narración comienza con un pretexto, el suicidio de Rodrigo y posterior a eso la desaparición de la tumba de este, ese relato inicial es el hilo conductor para urdir el relato de todos, que se remonta a la primera fundación de la ciudad y el (des-encuentro) con los nativos de la zona, y la imposición de la cruz a sus habitantes en el esfuerzo de convertirlos al cristianismo, mientras la Torá y sus designios se disfrazaba en la pila bautismal, resistiéndose a morir, tal cual como lo hiciera en la diáspora desde Egipto. Este libro borra el famoso mestizaje único de españoles e indios e instala la necesidad de saber quiénes somos, de dónde venimos y para dónde vamos.

La historia de los pueblos se escribe con sangre, barro, tinta, oralidad y recuerdos. Los paisajes de este libro corresponden a esa mixtura de materialidades confusas del imaginario humano. El patriarcado ortodoxo y la visión de las matriarcas para poblar la nueva tierra, hicieron de este Chillán un lugar particularmente resiliente. Recuerdo al inicio de la pandemia, la arenga de distintas autoridades de Chile con sus mensajes para aplacar el miedo, en ese momento, el alcalde Zarzar dio un mensaje distinto: “Nos volveremos a levantar” y sabía perfectamente de lo estaba hablando. El chillanejo de rodillas, sabe por instinto cuando levantarse, llora en silencio a sus muertos y desaparecidos, reclama por la sangre en las calles después de la debacle y se sienta junto a los suyos a construir memoria, para que nada sea olvidado.

 

Publicación 10 de agosto 2021
SOCHEL /  Santiago
Sociedad Chilena de Estudios Literarios.
por María Loreto Mora






Publicación 30 de agosto
por Judith Riquelme
Archivo Judío de Chile / 
Fundación para la preservación de la memoria del judaísmo en Chile

“Chillán su historia mi historia”, escrito por el destacado investigador Máximo Beltrán Fuentes quien ha sido distinguido en varias ocasiones, por sus obras. En 2010 recibe el reconocimiento nacional de Biblioredes por su aporte a nuestra cultura local; En 2012 la red Urbatorium de Santiago de Chile lo distingue con la Llave de oro. Posteriormente en 2014 obtiene la distinción “Gobernación de Ñuble” por su valioso aporte al rescate del patrimonio histórico y cultural de la Región de Ñuble. En 2015 es invitado por la Universidad del Bío Bío a formar parte del patrimonio artístico de Ñuble. El mismo año la Ilustre Municipalidad de Chillán le otorga el Premio Municipal de Arte y Cultura. En 2017 recibió el Premio AMA-BIOBIO 2017.

“Chillán su historia mi historia” es un relato desgarrador que rememora la vida de un joven en la capital regional. Su escritura transita por el tiempo con soltura mezclando situaciones vinculadas a la fundación de Chillán y su propia vida. La importancia del relato oral como eje continuador de los recuerdos familiares queda de manifiesto en el texto. Conmueve el relato genealógico, el secuestro de Nicolasa a manos de los indígenas de la zona y que el hablante espera haya tenido “un cautiverio feliz”. Destaca la defensa de la ciudad por las hermanas Toledo y Alfaro.

El autor devela suavemente sus raíces judías, que fueron mantenidas como algunas rarezas aceptadas y que en apariencia eran solo de esta familia. La vida y muerte son una continuidad que recuerda la fragilidad humana en una ciudad reconocida por su importancia en el desarrollo de la historia nacional como ha sido Chillán.

Son varios los hechos, así como los documentos que domina el autor que hacen de este relato digno de lectura. Existe una luminosidad en la nostalgia que no deja de emocionar.

Este libro es una iniciativa seleccionada por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Fondo del Libro y la Lectura para el año lectivo 2021. Destacamos su aporte al rescate patrimonial y la memoria colectiva y local.

lunes, 9 de agosto de 2021

Libro Chillán, su historia, mi historia; Presentación oficial Sala Arrau Teatro Municipal de Chillán.

Presentación Teatro Municipal de Chillán / Sala Arrau






Proyecto financiado por el  Ministerio de las Culturas,  las Artes y el Patrimonio, Convocatoria 2021


Cuando nos encontramos ante un libro, es como encontrarnos frente a un visitante en el umbral de nuestra casa. Según nuestras percepciones decidimos dejarlo entrar o no. Esa decisión puede significar quedar igual o experimentar un cambio a nivel cognitivo y espacial. A nivel espiritual, enriquecedor milagro que requiere aire, en estos tiempos de ventilación mecánica con o sin intubación, la tecnología también funciona con esa artificialidad y tristeza. “Es arriesgarse a que, cierta noche, un texto, un cuadro, una sonata llamen a nuestra puerta –Reales presencias gira por completo en torno a esa imagen- y es posible que el invitado destruya e incendie por completo la casa. Es posible también que nos desvalije con un gran aletazo. Pero es preciso aceptar al texto en nosotros mismos, no tengo palabras para describir la riqueza de esta experiencia que he hecho mil veces, especialmente leyendo la Ética de Spinoza, que es para mí una referencia última.” Dice George Steiner. 

Casi acostumbrados a la lejanía humana, esta cercanía del hombre y su obra proporciona  un nuevo espacio en la forma de habitar los momentos aciagos condenatorios del insufrible claustro, aburre todo el tiempo la pantalla, cansa la automatización de las imágenes y la claridad cada vez más sofisticada del 4k y su realidad Led plasmática en un cuadro que desaparece apretando un botón.

Volvamos al origen, abrir un baúl en el cuarto de atrás de la casa o en el sótano de la memoria y recibir la luz de la lignina empastada en la nariz, encontrar lo que el autor quiso decir hace cien años o menos tal vez, en algún lugar, en algún territorio indescifrable, en la canción terrestre de las melodías únicas urdidas por la razón y la emoción. Vale decir por la sempiterna inspiración, aunque esto no sea la única razón de escribir. Ahora bien, el arte de leer es una disciplina que requiere de tiempo y disposición a realizarla continuamente. Leer no significa juntar palabras y quedar vacíos, leer es predisponer el espíritu frente al autor, abrir la puerta y dejarlo entrar, olfatear la tinta de la imprenta, la sensación del papel en los dedos y permitir el viaje a la espesura, llorar si es preciso, partir el hielo o reír entre el asombro. Leer es vivir, apaguemos la tele por un rato y miremos que es lo que pasa.(Laura Daza Valenzuela / Casa Gonzalo Rojas) 



Maria Loreto Mora / Laura Daza Valenzuela / Máximo Beltrán Fuentes / Camilo Ortíz Fuentes

 






PRESENTACIÓN / Camilo Ortíz / Escritor.

“En busca del tiempo perdido, la novela sobre el tiempo de Proust, es un intento de devolver la estabilidad a la identidad del yo, que amenaza con desintegrarse. La crisis de la época se experimenta como una crisis de identidad”. Escribe uno de los más significativos pensadores contemporáneos, Byung Chul-Han, en su libro “El Aroma del Tiempo”. Proust, el maestro de la memoria y cumbre de la literatura francesa, ya avizoraba la importancia del recuerdo en la identidad del individuo y no sólo de su personal historia, sino que del colectivo que la hace posible, pues sabemos que ésto no se produce sin los otros que nos la producen, digamos que uno es uno porque los otros también son conmigo y mi entonces ciudad es conmigo, sus historias de una u otra forma me construyen. Y las historias que arrancan de tragedias, pululan en el aire de Chillán, de ahí cabe de sobremanera la pregunta inmemorial del autor que es la de toda humanidad ¿A dónde van nuestros muertos? En lo personal, a dónde ha ido mi madre. También me confieso un perplejo viajero sobre tal pregunta.

La obra de Max acomete la proeza de unificar al individuo con su tierra y el resto de sus habitantes. Su viaje en apariencia personal se haya poblado de otros viajeros. La memoria telúrica es asunto central en Chile y se puede demostrar por varios caminos, en este texto lo histórico y lo emocional se unifican en un solo personaje, Alonso. En estos lares se comienza por la tragedia y se acaba en ella, esa ala negra todavía aún acurruca a la comarca, vuela por debajo. Pero entonces, por qué no la hemos llorado en su debido momento; la abuela de Alonso dice “para el terremoto nadie lloraba”, entonces aquí parece que no se llora mucho ni se acepta el horror en plenitud. Hay algo muy para adentro en esta ciudad y eso nunca es sano.

Podríamos colegir lo siguiente, si aceptamos la muerte a la manera de Heidegger, ella determina nuestra noción de tiempo y en ese tiempo que es historia, radica también nuestra identidad; a la inversa, si no aceptas la muerte el tiempo se difumina en un existir absurdo, una simple sucesión de momentos sin forma donde la identidad ya no importa y la de tu ciudad tampoco. Puedes vivir para siempre consumiendo en los malls que como hordas de lobos nihilistas neoliberales uniformaron y destruyeron al abuelo recuerdo del adobe y los adoquines en la provincia. Allí en tales estructuras, al igual que en las pantallas de los celulares, no existe la muerte y todo es etéreo, feliz e inmortal. Se debe aceptar la muerte y el llanto que lleva consigo, es la única manera de escapar a la succión del maldito vacío que conlleva el desconocer nuestra propia historia que al parecer no a tantos interesa, pues en un acto supremo de hedonismo y narcisismo, para el joven chillanense parece que todo comienza en él y se acaba en él mismo. Es cuestión de pulsar una tecla. Universal fenómeno sin duda.

Y en ese sentido vemos también que la propia ciudad ha conspirado contra sí misma.

Y qué esperábamos si nunca hemos tenido ediles a la altura del conflicto. Solo administradores del progreso expedito que todo lo arrasa, ya que cuando el dinero se opone a la memoria... la plata manda.

Se han desmontado los árboles de la avenida O’higgins y sus viejos adoquines. Claro que la lista es más larga de crímenes patrimoniales. Y me preguntó si esos adoquines tenían menos valor que los intocables de Praga por donde deambuló tantas veces Kafka.

La respuesta es no. Jamás. Nuestra memoria exterior se unifica con nuestra memoria interior y esa nos la han impedido. La identidad no tiene que ver con una importancia hacia el mundo. Y ese ha sido el burdo argumento para destruirla y así a las otras. Siempre ha sido nuestra y solo nuestra y aunque no seamos una ciudad de cultura mundial nos debemos a nosotros mismos; querernos a nosotros mismos es también la evocación de nuestros sagrados recuerdos en materia y palabra.

Queda patente en esta obra a la manera de un manifiesto de resistencia donde confluye un lejano pasado que llama “Chillán, su historia, mi historia”
 
Como dice Borges: “Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”.


PRESENTACION
(por María Loreto Mora / Sociedad Chilena de Estudios literarios SOCHEL)

Fotografía Aporte Richard Pincheira


viernes, 6 de agosto de 2021

Libro Chillán, su historia, mi historia / Antecedentes y prólogo

ANTECEDENTES Y PRÓLOGO
 

 


Proyecto Edición y Publicación del libro CHILLÁN, SU HISTORIA, MI HISTORIA. Iniciativa seleccionada por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Fondo del Libro y la Lectura para el año lectivo 2021.





La obra de Máximo Beltrán, se funde con el relato patrimonial; siendo prologada por la academia y sus pares; ha recibido múltiples reconocimientos por su obra, emblemático su trabajo de ser precursor de  poner en conversación el tema de identidad, arraigo y pertenencia en nuestra comunidad; recibe el reconocimiento nacional de Biblioredes el año 2010 por su aporte a nuestra cultura local; la red Urbatorium de Santiago de Chile lo distingue con la Llave de oro el año 2012 y en 2014 recibe la distinción “Gobernación de Ñuble”  por su valioso aporte al rescate del patrimonio histórico y cultural de la provincia, hoy Región de Ñuble. En 2015 es invitado por la Universidad del Bío Bio a formar parte del patrimonio artístico de Ñuble, que se manifiesta en la donación de gran parte de su obra, es distinguido por la Ilustre Municipalidad de Chillan con el  Premio Municipal de Arte y Cultura 2015 y recibe el Premio AMA-BIOBIO 2017 por su acción de memoria y el año 2018 crea el Mapa conceptual histórico “Chillan, sus fundaciones y destrucciones 1580 – 1835” que traspasa a la Biblioteca Nacional. Obtiene el Fondo de Creación Literaria por libro “Chillán su historia mi historia" y el año 2021 obtiene el Fondo del Libro y la Lectura / Fomento a la Industria / Apoyo a ediciones para la edición y publicación de este libro.

Ha publicado los libros “Chillán; deambular por los pliegues de la memoria” (2008), “Arquitectura de la memoria Chillán Antiguo” (2011), “Plegaria a todos mis muertos” (2014), Buchupureo, al sur de Chile (2016), Chillán, al sur de Chile.  Además es coautor en los libros, “La casa” con Elgar Utreras (2013), “Cementerio de angelitos” con Carmen Mantilla (2014), “Santa Elvira, barrio patrimonial”  con Patricia Orellana (2015). (Laura Daza Valenzuela por Orlando ediciones)


A modo de prólogo; “Chillán su historia, mi historia” es una apuesta al recuerdo y sus contrastes,  un avance de algo más grande que comienza a gestarse a modo de sinopsis en una gran sábana literaria, a modo de rollos antiguos y que augura un esbozo escritural lleno de rituales, donde debes jugar  al imaginario, viajando en una máquina del tiempo.

 Pasado, presente y futuro se amalgaman siendo necesario haber sido iniciado en el ritual de la oralidad, proceso donde se anudan los acontecimientos que afloran en este escrito; donde emerge un Chillán desconocido para muchos, pero tan real que hasta se siente el olor del adobe mojado.

Cuando ese proceso iniciático destellea, puedes hilvanar con soltura los acontecimientos que se narran a los de tus ancestros, es ahí cuando los tuyos cobran vida y la muerte anunciada no es tal; es como leer la historia de tu pueblo en primera persona y sentir las penurias de los primeros conquistadores como propias y viajar en el tiempo a descubrir sus nombres, ejercicio que me ha servido para rescatar los míos de la bruma del relato histórico; de pílas bautismales forzadas, de naufragios, incendios, revoluciones y terremotos.

El pretexto de escribir, es eso, una excusa, para enganchar con el otro relato que alguien está escribiendo, es como un hermanamiento de historias ignoradas y anónimas que siempre se escriben, pero a veces no llegan al papel; es pretender escribir una gran historia imaginaria donde todos; cual más, cual menos, van hilvanando sus relatos en este gran ejercicio sin miedo al bochorno.  Un gran pergamino atado por los recuerdos, que se une a tú pergamino y así en procesión ilusoria, construyendo un gran rollo de anónimos escribas.

Es  el atrevimiento que transforma la historia, y sin darnos cuenta encontramos respuestas a todo, porque el ejercicio de escribir es eso, "un constante diálogo con el Universo"porque es a través de la pregunta cuando nos conectamos con la Divinidad; aquella distante, a veces dispar, a veces no revelada, a veces misteriosa, a veces tan oculta.

En este relato, la excusa para dar comienzo a este viaje literario, es la muerte de Rodrigo y sucesivas muertes personales que van uniéndose en este Chillán destruido por grandes tragedias sucesivas que afloran a ratos con pulsión y desasosiego; muertes colectivas y privadas refrescan la memoria y eleva el dolor a la sencillez de su expresión, aún cuando a veces el desgarro es manifiesto y el recuerdo vive en esa alteridad imaginaria que animosamente relato sin  ninguna pretensión, tan solo bosquejar con el lápiz lo que ya se escribió en el "gran libro".

El vinculo con la historia y su imaginario chillanejo, parte sin duda por la búsqueda privada de reconocer y encontrarme, edificar y  resignificar identidad e ir en busca de respuestas; este método personal casi egoísta me llevó sin querer a trabajar con los otros, encontrarme en los otros, a no sentirme solo en esta gran historia y descubrir que existe un gran contingente de arqueólogos del tiempo que desentrañan sus cosmovisiones íntimas y locales. Máximo Beltrán Fuentes (2019)





Máximo Beltrán, regresa para situarnos en el origen, desde la fundación de Chillán a estos días, anudada a su historia personal. El transito descrito aquí nos recuerda la fragilidad humana y lo cerca que habitamos de la muerte, en una ciudad reconocida por sus catástrofes naturales, políticas y sociales, desde el marcado  éxodo campo ciudad que representa con entereza los cambios que ha ido experimentando Chillán desde el inicio. Al igual que la capacidad de levantarse después de doblar la rodilla durante la danza macabra de la tierra. Caminamos sobre muertos, es cierto, y más allá de esa condena, está este relato que nos hermana y que nos diferencia de otros territorios. La vida sigue su cauce, que a través de sus páginas, la certeza de saber de dónde venimos, hace posible la claridad para saber de qué estamos hechos y para dónde vamos(Editorial Orlando / Laura Daza Valenzuela)






miércoles, 30 de septiembre de 2020

LIBRO CHILLÁN Identidad Histórica y Cultural de Chile

Conceptualización & Diseño
Máximo Beltrán Fuentes






Mandante:
Ilustre Municipalidad de Chillán

El desarrollo de este trabajo estuvo conformado por un equipo interdisciplinario de periodistas, ingenieros, diseñadores, fotógrafos y traductores, liderados por Rodrigo Landa, por parte del municipio; (Rodrigo Landa, Marcelo Arroyo, Rene Inzunza, Javier Meneses, José Luis Rivas, María Inés Sandoval)

Chillán  carecía de un documento gráfico que resumiera su historia, el anterior trabajo homólogo a éste fue realizado para la Exposición de Sevilla de 1927, liderado en aquel entonces por Dario Brunet.

El objetivo fue dar un relato de identidad a la ciudad de Chillán a través de un diálogo que comienza desde la fundación y su viaje a través de 500 años. Diseño, imagen y color son los vectores principales de esta historia escrita a través de un nuevo concepto;  unidos por extractos de  poemas de cultores locales que irá creando una atmósfera anclada de simbolismos. El eje central de la parte fundacional e histórica se dialoga en conjunto con


(Mapa de Chillán sus fundaciones y destrucciones 1580 1835, material cartográfico que diseñe años anteriores y que esta albergado en la Biblioteca Nacional)
















sábado, 4 de julio de 2020

Estación Talquipen, un recuerdo común


por Joan Bautista Issac

Entre los lugareños circula el rumor, que demolerán la Estación, para los adultos más jóvenes, su antigua escuela básica, para algunos mayores es tan terrible que ya están resignados. Ellos fueron los que abandonaron las casas de funcionarios de ferrocarriles (casas de camineros o pabellones), arrasadas para emplazar la actual escuela básica de Talquipen, que de paso, corto la proyección de la trocha, entre Estación Talquipen y la localidad del Maiten, obligando a más de un centenar de personas, entre ellos adultos mayores y niños, obligados a transitar por el costado norte de la carretera N-49, que unía Chillán con la Comuna de Coihueco. 






Pareciera que se empeñarán con atentar contra lo único que va quedando de la mayor obra pública de la localidad, y es que muy bella y celeste, su colorido se traspasa al corral, a la pista de carreras de galgos y el poblado se funde en ese color. 

La estación ha devenido en un columbario para palomas, así también en la perfecta locación para conseguir capturas fotográficas y presumir preocupación y “urgencia” en salvaguardar este icono que se aferra a la memoria no tan solo de los habitantes del lugar, sino de Ñuble.

Sin embargo el tiempo pasa y la materia se deteriora, la humedad ha empodrecido casi la totalidad de la fachada norte, la más desfavorable, en cuanto expuesta ha quedado a los vendavales y el arrastre de agua lluvia. Por más de un siglo los inviernos no han dado tregua, que ni el entablado de roble ha podido ofrecer resistencia a tal desgaste o el corredor que amparaba el primer piso y cuyos postes embebidos sobre base de hormigón garantizaban la separación del suelo. 






En algunos casos, en especial ésta, su maestría de diseño y ejecución ha mantenido casi intacta su estructura; “sus cimientos no se han visto afectados”, es decir no poseen compromiso estructural, que evidencie daños irreparables, resulta notable destacar el despegue con respecto del suelo de las vigas de piso, donde ostenta vigas de roble, ya apellinadas y de gran escuadría, que equidistantes sustentan el desvencijado entablado; ahora tapizado de botellas de vino, latas de cerveza y colillas de cigarros. 

La marginalidad rural ha contribuido a lo suyo, 
y el abandono por parte de las autoridades.

Ya no se construye como antes, resulta descabellado el pensar en una reconstrucción, y es que en definitiva la estación que pareciese tipología mundial, es la única que ha pervivido por estos lares. Misma suerte no corrió su homónima Estación Pinto, posterior al retiro de las vías en la mitad del 40, paso a ser ocupada como estructura educacional, teniendo cabida allí la formación y enseñanza de niños de Estación Pinto. En la actualidad ese lugar recibe ese nombre, paradójicamente no queda nada de la Estación. Cabe notar la reutilización de la estructura ferroviaria, para salvar la necesidad de una Escuela para la comunidad.

Los lugares se constituyen cuando alguien los habita, los hombres hacen los paisajes (concepto humano), son salvajes, el tren urbanizo, donde se detuvo ahí llegaron otros, fue un agente civilizador, el camino era hecho por hombres a caballo, la trocha lo que hace es tecnologizar una senda, se pone sobre lo que ya estaba.

Un cartel de cartón piedra fijado con tachuelas, sobre el tinglado de la fachada sur recuerda el tiempo en que posterior a su primer abandono, esta fue ocupada como infraestructura educacional… “Quiero compartir el futuro de mi comunidad estudiando para serle útil el día de mañana”… 

No obstante son los mismos lugareños, cuyos antepasados vieron por primera vez el tren llegar al andén, los que a menudo desbrozan la maleza, hacen aseo, y contemplan la estación. El silencio no siempre estuvo ahí, y desde ese mismo lugar, alguna vez un niño, campesino o arriero diviso a unos pocos metros las maniobras del Tren Chico, la columna de humo y el chirrido de las ruedas friccionando los rieles, los pitazos, la carga, la descarga, la alegría, el andén, la partida, el mundo conocido, el viaje, el mundo desconocido, el periódico, las sustancias, el ir a pelar una naranja en las escalinatas de la bodega al atardecer, la columna de humo todo bullía. 




En tanto en el zócalo de la ex plataforma de descarga, en la actualidad inexistente en su tipología de galpón, convoca la mayoría de las tardes después de haber terminado sus labores en el campo, a una comunidad al encuentro de su memoria.

Talquipen el lugar está instituido, es de una institución humana, Talquipen lo que produce acuerdo. Ya no hay trenes, y aunque ya no hay trocha para servir intereses económicos, permanece y es reconocible, tiene que ver con el recuerdo y la memoria, que de tan compartida se hace un bien conocido.

Más allá de una estación es un bien… un recuerdo común.