lunes, 3 de febrero de 2014

CARLOS RENE IBACACHE



Desde 1974, cuando retorna a estas tierras chillanejas, trae consigo sus libros, su familia y también su revista CAUCE, aquella que nació en el sur, como búsqueda celosa del registro cultural de la ciudad de Valdivia y que el destino, aquel que solo entenderemos al final de nuestras vidas, hoy se publica entre  nosotros.

Al maestro, lo conocí en esas tertulias de los 80, en el entre piso de la casa Central del antiguo IPROCH, sucesora de la U.de Chile y antecesora de la UBB, en el patrimonial Grupo Literario Ñuble, institución que presidio durante años; publíco este relato en la plataforma Chillán Antiguo como símbolo a todos los hombres chillanejos  que con "maestría" han manejado  el  cincel y el martillo, y que con su trabajo constante han iluminado sin ánimos ostentosos  a todos los chillanejos de espíritus libres que buscan y que ratos encontramos en estos hombres un ejemplo a seguir. (Máximo Beltrán)

http://issuu.com/maximobeltran/docs/revista_cauce_cultural_2013

(copiar enlace en su ordenador para ver Revista Digital CAUCE CULTURAL)


HISTORIA DE LA REVISTA “CAUCE CULTURAL”, en sus 50 años (1964 – 2014)
 Nació en 1964, como una necesidad difusora, al servicio de la Biblioteca Municipal de Valdivia. El alcalde de esa ciudad, don Luis Damann  Asenjo, comenzaba su gestión edilicia el año 1959. Un año después, el 22 de mayo de 1960, Valdivia fue estremecida por el terremoto más cruel y más violento en la historia telúrica, desde que hay registros tales en el mundo. Su intensidad 9.5 lo llevan al primer lugar. Sus habitantes, absorbidos por encontrar soluciones a todos los contratiempos y necesidades que surgieron, lograron con dificultad levantarse y superar las calamidades que posteriormente provocaron las réplicas, los maremotos y el Lago Riñihue, una amenaza potente de inundación, con el consiguiente caos.

En medio de este clima, el alcalde Damann, en los inicios de su mandato, recibía de parte de la comunidad nacional y extranjera y fundamentalmente de los valdivianos que residían fuera de Valdivia y de Chile, promesas de ayuda, él pedía “manden libros, manden libros”. ¡Y le mandaron libros!

No pedía alimentos, ni materiales de construcción. Temprano descubrió que era el momento de recuperar la antigua Biblioteca Municipal, que en un incendio ocurrido, mucho antes del terremoto, había desaparecido quemada. Era el momento de recuperarla. Su ocurrencia tuvo efectos notables. Comenzaron a llegar cajas y cajones de diversas partes del mundo. Cuando estos envíos empezaron a colapsar los espacios disponibles, fue a hablar conmigo para ofrecerme el cargo de director de la Biblioteca Municipal, ad honorem, por supuesto.

Naturalmente acepté. Yo tenía jornada completa en la Escuela Normal de Valdivia. Le pedí al director autorización para ausentarme de la Normal en las tardes para ayudar a la Municipalidad en esta cruzada cultural. El director no sólo me autorizó sino que, además, me felicitó por haberle aceptado al Alcalde este ofrecimiento.

Estábamos ya en 1963. El Alcalde ya había comprometido el arriendo de una antigua casona de la calle Picarte 732, que el terremoto había respetado; también había construido las estanterías con personal municipal y había nombrado el personal que trabajaría bajo mis órdenes; las bibliotecarias Luz Mardones Morales, Violeta López Espinoza y un restaurador de libros y encuadernador, Rolando Delgado, recuerdo, porque no sólo cumplieron como empleados municipales, sino también como dignos asesores de mis proyectos.

Todo este preámbulo es útil para darle a mi proyecto más valioso tan pronto la Biblioteca normalizara su funcionamiento. Se inició esta etapa con su inauguración a través de un acto solemne, con la presencia de autoridades municipales y educacionales, ceremonia que tuvo lugar el 5 de abril de 1963.



Portada Primer Numero de Revista Cauce



Editorial / al antiguo estilo del mimeógrafo.


Un año después, como parte de la celebración del primer año de la reapertura de la Biblioteca, el 5 de abril de 1964, partimos con el nº1 de “Cauce”, en cuya editorial que titulé “Nuestra justificación”, anoté en dos de sus párrafos: “La antigua idea se materializa ahora, porque asó lo exigió el interés y el entusiasmo de los numerosos poetas locales que participaron en el evento literario de “Canto a Valdivia” y “Canto a la Reina de los Ríos” en la reciente Semana Valdiviana. Esta revista mensual nace, para promover la capacidad creativa de nuestros talentos literarios”. Fue éste el primer párrafo.

El segundo párrafo: “Partimos así, sencillamente. Cuando hayamos conquistado este ambiente y CAUCE, pase a formar parte del patrimonio cultural valdiviano, estamos ciertos, que se ampliaran nuestras metas y mejorará nuestro rostro, porque así lo quiere la Ilustre Municipalidad de nuestra ciudad”

Tres imprentas la han editado en estos 50 años: Borneck, en Valdivia, Alianza de Temuco y La Discusión de Chillán. Nació como revista mensual. Posteriormente, ha sido bimestral, trimestral, semestral y anual.

Nació con 10 páginas mimeografiadas. Posteriormente, ha  comenzó a salir con 20, 30, 40, 60, 100 y 120.

Nació con financiamiento amical. Ayudaron los amigos. Posteriormente, con avisos comerciales y en los años últimos con e apoyo del FNDR, esto es con apoyo estatal a través del Fondo Nacional de Desarrollo Regional.

Fue creciendo la revista, porque fue creciendo también el número de colaboradores, tanto en su etapa valdiviana como chillanense (chillanejo) con trabajos cortos y largos que se entregaban. Si alguien me entregaba un tema redactado en 10 páginas y otros con 2 ó tres páginas, era obvio que el texto largo le quitaba espacio a los textos menores. Lo ideal era dejar a todos conformes.

Nació como revista valdiviana, allí con el respaldo de la Biblioteca Municipal y del Centro Cultural  “Peñiquellún” de notable historia en la ciudad. Y en Chillán, con el respaldo primeo del grupo Literario Ñuble y actualmente de la Corporación Cultural Ñuble 21.





ANECDOTARIO DE “CAUCE CULTURAL”.
Cuando la editaba bimestralmente con 60 páginas, funcionaba con avisos comerciales, algunos con seriedad  académica, como las programaciones de la Universidad Austral.  Mis colaboradores juveniles, estudiantes normalistas y comercialinos, me sugirieron, que colocara “piluchas” en las portadas. Les hice caso. Coloqué a la Reina de los Ríos, una niña elegida por un jurado en homenaje al aniversario valdiviano. La Reina de los Ríos en traje de baño, fue una sensación, se agotaron los tres mil ejemplares. Estábamos ya en el Nª 50 de Cauce Cultural y era el año 1972 y el alcalde de Valdivia el Dr. Jorge Sabat.

En 1973, el régimen militar lo cambió todo. Debí venirme a Chillán. Lo hice con la revista Cauce, que en ese momento aún no tenía apellido. Reinicié CAUCE en esta segunda etapa, con el número 1 de nuevo. Fue un error, porque entonces apareció la revista “CAUCE” de Santiago, publicación opositora al régimen imperante. Iba ya en el Nº 4 en 1975,  cuando la autoridad me llamó para preguntarme si yo tenía algo que ver con el “CAUCE” de Santiago. Le manifesté a la autoridad que no tenía ninguna relación con esa revista. Me sugirió que les hiciera una demanda por aprobación indebida del nombre. Le contesté que si eso hacía perdería, porque los editores de esa revista son todos abogados y yo solo tengo inscrito el nombre de mi revista en la Biblioteca Nacional y no en el Ministerio correspondiente. Entonces el Gobernador me sugirió: ¡Colóquele, entonces, un apellido a su revista!

Me pareció genial la sugerencia. Cultural, podría ser. Y así fue. Sólo que ahora para demostrar la antigüedad de mi “CAUCE” debería recuperar la numeración valdiviana. Desde entonces, la revista Nº 4 de Chillán recuperó el Nº 50 que yo había dejado en Valdivia. EL CAUCE capitalino, en compensación, me regaló una suscripción anual por la “apropiación indebida…” por los 54 números editados.

La tercera anécdota la protagonizó un periodista del diario “La Tercera” de Santiago, don Gonzalo Orrego. Era el 5 de marzo de 1967 y me reprochó el que yo publicara noticias chinas que me entregaba la agencia “Sinjua”. Lo hizo de esta manera: “La única objeción que le hago a esta revista, se refiere a la propaganda que se hace de China comunista en las cinco páginas finales. Una revista como “CAUCE”, no debe inclinarse políticamente a ningún lado. El arte está encima de la pasión, aunque ella le sirve de tema”. En treinta líneas le contesté al señor Orrego. Haré un resumen:

“Frente a esta observación, haré algunos alcances. Desde luego, esta revista cumple su función: encausa inquietudes dispersas de jóvenes y adultos. Esa condición, sin embargo, no le priva a sus lectores preocuparse de materias de que habitualmente no hablan diarios ni revistas. En el caso de China, resulta paradojal que sepamos mucho de sus defectos, pero muy poco de sus virtudes; mucho de sus contradicciones, pero poco de sus progresos.  Por eso he aceptado la colaboración de la agencia “Sinjua”, para que nos entregue material sobre educación, sus industrias, medicina, agricultura, etc. Conviniendo con el señor Orrego, que no sólo el arte, sino también la cultura, sin distingos políticos, está por encima de cualquier pasión”.

En una etapa tan apasionante, como la que hemos vivido en estos 50 años hay una cantidad importante de anécdotas asociadas a nuestras experiencias difusoras. Por esta vez sólo las tres que he contado, que de algún modo retrata la época que nos ha tocado vivir y los compromisos que hemos debido sortear para salir adelante.





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