martes, 22 de abril de 2014

Un zoológico en Chillán. Recuerdos de la infancia.

p. Ramón Bastías Sandoval



Relato en Revista Chillán Antiguo & Vitrina Urbana


El zoológico de Chillán Viejo, era un típico paseo dominical. Las familias chillanejas durante dos décadas fueron a visitar esta iniciativa de don Carlos Junge que desde 1959 a 1983 sostuvo con mucho cariño a este grupo de aves y animales. Los más entusiastas visitantes éramos los niños.

La mayor alegría era simplemente ver a esos curiosos animales reunidos en aquella casona, lo disfrutábamos sin límites. En la siesta provinciana, la ida al Zoológico representaba una aventura. Para la gran mayoría significaba tomar una de esas viejas micros en el mercado y desde allí cruzar la ciudad hasta el añoso sector de Chillán Viejo. Se accedía por una calle de tierra, muy polvorienta en el verano. Al cruzar el puente Lazareto sabía que estábamos muy cerca y siempre recordaba la leyenda negra de un hospital para leprosos.

Algunos minutos antes de llegar, ya se podía ver desde la micro donde era el asunto, la aglomeración de gente señalaba su entrada. Si era domingo, las risas alegres de los pequeños te daban la bienvenida.





Carlos Junge, director-propietario


En mi familia, aquella visita era toda una aventura. Mi madre preparaba un tentempié para disfrutar luego de la ida al zoológico. Nos sentábamos sobre un mantelito multicolor, devorando un pan amasado, una manzana, un trozo de queque y bebidas. La Pepsi-cola era mi favorita en aquel tiempo. Por lo general la travesía finalizada en los pastos del Parque.

Mi madre recuerda aquellos días así, "cuando nosotros íbamos al zoológico había una entrada con varios árboles. Recuerdo que había una serpiente a la entrada, y adentro te encontrabas con monos, un leopardo, quizás. Habían hartas jaulas con distintos pajaritos. Era bastante grande, varios asientos para descansar. Unos ciervos o pudús. ¡Y Tortugas! Era bien completo, y me pareció mal que se haya acabado pues era una excelente distracción que teníamos aquí en Chillán".

No olvidare tampoco, las típicas vistas por la Escuela. El viaje lo hacíamos acompañada por la maestra normalista, quien nos iba explicando el habitat natural, la alimentación o cualquier dato curioso sobre aquellas criaturas.




Cuando dejó de funcionar, me resigné a su ausencia, casi entró en el olvido de mi mente. Hasta que unos años después conocí el Zoológico metropolitano. Allí me di cuenta de la importancia del sueño de Don Carlos, quien con su compromiso personal nos había entregado un tesoro y que tarde vinimos a valorar. Su obra se fue con él y como con muchos otros prohombres la ciudad se encuentra en deuda. Ojala más temprano que tarde, la tenacidad aquel teutón sea recompensada.


1 comentario:

  1. Ahora que Ñuble será Región, estaría bueno ir pensando en Instalar un nuevo Zoológico. Hace mucha falta!!!

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