jueves, 2 de octubre de 2014

Madre de Bernardo Ô`Higgins - Décimas para María Isabel

DECIMAS PARA MARÍA ISABEL
p. Revista Chillán Antiguo & Vitrina Urbana

Si un hombre fuera padre de tres hijos de tres mujeres distintas, seguramente sería calificado como un semental; pero si se invierte la frase y el sujeto es una mujer, los epítetos no serían tan benevolentes. María Isabel Riquelme, en pleno siglo XVIII, se atrevió a desafiar los cánones de la sociedad colonial al dar a luz a Bernardo, Rosa y Nieves, todos hijos de distinta semilla. La profesora y folclorista, América Valdés, se enamoró de este personaje y escribió, en exclusiva para nuestra revista, la poesía en décimas titula “La hija de don Simón”, un relato de quince estrofas fruto de un acucioso trabajo de recopilación bibliográfica sobre la madre del Libertador.
p. Marcia Castellano



Revista Chillán Antiguo & Vitrina Urbana Nº 16

María Isabel y Félix estaban de novios. Ella era una joven de veinte años, de baja estatura, bonita y de buena posición social y él un agrimensor de cuarenta. El matrimonio duró solo dos años por el fallecimiento del marido, quien le dejó como recuerdo una hija a la que llamaron Rosa. Félix nunca llegó a enterarse que esa niña no era la primera que su esposa había dado a luz, porque tres años antes, María Isabel había traído al mundo a un varón de cabellos de cobre, que en el futuro sería conocido como el Libertador.
Pero antes de ser enaltecido, el niño conoció la humillación de no llevar el apellido de su padre. Era un hijo ilegítimo, huacho le llamaban, fruto de un fugaz encuentro amoroso entre María Isabel, por entonces de dieciocho años y el irlandés Ambrosio, de casi sesenta. Oculta por sus padres Simón y María Mercedes en la hacienda de Palpal, la joven madre vio crecer en su vientre la deshonra de su estirpe y fue ahí donde habría nacido el futuro padre de la patria, quien quedó al cuidado de una familia del lugar durante cuatro años, mientras ella fue enviada de regreso a Chillán Viejo a continuar con su vida de señorita de buena cuna. Félix, el futuro marido, ignoró hasta su muerte este episodio.
Isabel quedó sola con su pequeña Rosa de dos años. Tras siete años de luto, llegó a su vida un nuevo amor, Manuel y una tercera hija, bautizada como Nieves. La octogenaria Isabel murió en Lima y sus restos se encuentran hoy en el parque Bernardo O'Higgins de Chillán Viejo.

ABUSO DE PODER
Si bien los hechos descritos pueden no coincidir con otras versiones históricas, hay quienes afirman que Bernardo O`Higgins nació en Palpal (cercanías de Pemuco) y no en Chillán Viejo.  Es esta la tesis que rescata la folclorista América Valdés en “La hija de don Simón”, poesía en décimas escrita especialmente para nuestra revista, inspirada en la figura de Isabel Riquelme.

Varios meses de indagación en publicaciones de autores como Marcial Pedrero Leal, Fernando Santiván, Marco Aurelio Reyes, Carlos Oliver Schneider y Cecilia Salinas, llevaron a la folclorista y profesora América Valdés, a concluir que Isabel Riquelme es una mujer con más calles en su nombre que líneas escritas en su honor.

Al compás de la guitarra y versos octosílabos, con voz grave y sinuosa, asoma un interesante personaje anónimo, independentista y valiente pese a su honor mancillado, dolores y pérdidas profundas. “En un mundo colonial súper estricto ella vivió sola este embarazo condenable en lo moral. Seguramente existieron muchas como ella. Ambrosio no solo la embaraza sino que empeora la situación porque ella ya estaba comprometida. El padre la escondió, le quitan al niño y la casan con Félix Rodríguez. Todo fue en medio de un tremendo abuso de poder hacia ella, mujer sin derechos. Sin embargo, ella también fue una mujer que abrazó las ideas independentistas y de comportamiento controversial, pero poco se destaca este carácter y se adorna su figura como la de una pobre madre soltera”, afirma América.


LA HIJA DE DON SIMÓN
Por América Valdés

I
Brillaban en los solares
rayitos de sol divino
y añejábanse  los vinos
entre odres y  lagares.
Ardían en los hogares
las brasas en los braseros
comerciábanse corderos
Con  puelches y chiquillanes
amasábanse los panes
y tejíanse sombreros

II
Los mozos en su locura
Los frailes cantando misa
Los niños con su nodriza
Las niñas con su costura.
Los indios que en su bravura
sus tierras no ansían dejar…
Tuvieron que hacer  llamar
del norte algunos refuerzos
Para “apoyar el esfuerzo”
Y poderlos conquistar

III
Llegaron de madrugada
con todas sus guarniciones
Regimiento De  Dragones
De Infantería Montada.
Alborozo de soldada
muy principal y aguerrida
de garra y fama lucida
flamantes de honor y gloria
cantando vienen victoria
con sus espadas bruñidas

IV
Habitaba en una esquina
la hija de don Simón
nacida en esta región
mujer criolla muy fina.
De bonitura que anima
a dar por ella la vida
estaba comprometida
en voto matrimonial
a contraer esponsal
en una fecha debida

V
Y como estando su casa
frente a la plaza mayor
y el  padre era regidor
muy principal  de la plaza,
cada persona que pasa
con importancia exigida
en ella es bien recibida
para brindarle hospedaje
descansar del largo viaje
y probar buena comida

VI
Enviaron de la corona
A un capitán irlandés
bermejo, serio  y cortés
que se alojó en la casona.
La comitiva borbona
destella  con su ilustrísima
ropa de ver  finísima
escudo, insignia y blasones
cuero curtido y botones
de brillantez  brillantísima

VII
Las niñas cuando son malas
y saben de mala vida
siempre están bien prevenidas
de su cautela hacen gala.
En cambio la que se iguala
en candidez a una santa
lo que le asecha no espanta
no lo ve, ni lo percibe
mas lo contempla y  recibe
y cualquier cosa la encanta

VIII
Y el coronel aguerrido
experto en guerras y amores
perdido ante sus candores
en breve queda prendido.
Imaginar ha debido
que por la buena no gana
ni con un toque de diana
la confianza del cristiano
que tiene  ofrecida su mano
y en conquistarla se afana

IX
Como si fuera bandido
propúsole  muy discreto
darle visita en secreto
en el cuarto de tejido.
Hablóle muy conmovido
de su honor, de su belleza
de su prosapia y nobleza
de sus ojitos de cielo
de su talle de su pelo
de su estampa de princesa

X
Y con la diestra pericia
del que ha sabido de amores
le reveló los sabores
del deseo y la malicia.
La convenció de caricias
le destrenzó su peinado
y con su hablar refinado
le prometió matrimonio
conjurándola al demonio
disfrutándola en  pecado

XI
Cumplido con su destino
cumplido con su misión
montado en su garañón
marchóse por donde vino.
La historia no ató el camino
del capitán y la moza
mas dicen que para esposa
se la pidió al regidor
y este, como hombre de honor
se la negó en forma airosa.

XII
Se esconde la niña hermosa
la hija de don Simón
oculta en el caserón
cuidando el jardín de rosas
cautiva la mariposa
sin salir a parte alguna
laméntase  con la luna
se siente destituida
toda profana y perdida
grávida y sin fortuna

XIII
No ha sido por imprudencia
que la hayan esperanzado
tampoco la han engañado
(benigna y justa conciencia)
¡Juzgue  su propia  indolencia!
-reitérale a don  Simón-
¡Que no es mala  inclinación!
¡Todo esponsal será necio
pagando tan alto precio!
¡Comprenda mi corazón!

XIV
Y Dios que premia  dolores
Sufridos muchos desaires
Le envía un niño sin paire
Consuelo a sus sinsabores
El niño de sus amores
Bermejo y de ojitos zarcos
Ilegítimo y sin palco
Sin apellido ni honor
La llena y colma de amor
Sin filiación ni contrato

XV
El resto no lo contamos
Es parte de nuestra historia
Prendido está en la memoria
Y en el suelo que pisamos
en esta tierra que amamos
en las casas y avenidas
en la plaza, siempre viva
toda impregnada de historia
en la gente y su memoria
Chillán Viejo, de mi vida…



pag. 20, revista Chillán Antiguo & Vitrina Urbana


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