domingo, 6 de noviembre de 2011

Adoquines en Chillán....





p. Ignacio Basterrica (Chillán Antiguo)

Las primeras calles de Chillán fueron hechas en base a tosca molida y compactada evitándose así el levantamiento de polvo. En tiempos del Intendente Ambrosio Rodriguez se nivelaron calles del centro evitando el apozamiento de agua que las destruía y deterioraba. El Intendente Rondizzoni realizó otro tanto.
Hacia 1860 se comienza a reemplazar la tosca por adoquines de piedra, traídos primero desde las canteras de la pre cordillera de Coihueco y Pinto. También su confección en parte se debió a mano de obra de reos de las cárceles, aquellos que cumplían penas de trabajos forzados, los que constituyeron en esos tiempos mano de obra barata destinada a fabricarlos. Posteriormente con la llegada del ferrocarril, se trajeron de canteras nortinas.
Los adoquines fueron sin duda, un elemento duradero y de fácil instalación en las calles céntricas de Chillán primero, para luego adoquinarse las 4 Cañadas o Avenidas. También se ocuparon en el barrio ultraestación,y algunos sectores del barrio norte de Chillán.
Los adoquines permitieron también instalar y modificar las líneas de los tranvías o ferrocarriles de sangre que salían desde la Estación de Chillan, hacia el centro,, desde Vega de Saldias hacia un poco antes de la Quinta Agrícola (hoy Fac. de Cs Agropecuarias de la U de Concepción y conectando calle Arturo Prat hasta avenida Collin cerca de la Avenida Argentina. Estos adoquines fueron sin duda distintivos de la etapa de urbanización de Chillán en sus comienzos como ciudad que recibía a la pujante colonia francesa, alemana, española e italiana que industrializaron nuestra ciudad a fines del siglo XIX. Posteriormente hacia los años 20 del siglo XX se comienzan a asfaltar las primeras calles céntricas de Chillán, dejando eso si a los resistentes adoquines bajo la capa de asfalto.
Los adoquines, elemento decorativo, evocador y duradero, le daban a nuestro Chillán antiguo, y hasta hace poco en importantes arterias un carácter evocador y de época. Aún algunas calles se niegan a desprenderse de ellos, sin embargo la modernidad muy luego dará cuenta de los últimos vestigios. La idea es conservar siquiera una muestra de ellos antes de que desaparezcan totalmente, pues ya pertenece al imaginario colectivo de los chillanejos y constituyen un símbolo identitario. Ojalá las autoridades puedan conciliar su uso en pos de que nuestra ciudad no pierda ese tremendo patrimonio. Es interesante ver como la I. Municipalidad esta reconvirtiendo su uso, e integrándolo al paisajismo de diversas áreas publicas de nuestra ciudad.
Como chillanejo creo le debemos respeto a nuestro pasado y patrimonio.

Juan Ignacio Basterrica Sandoval.

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