viernes, 18 de noviembre de 2011

La Identidad Urbana de Chillán: Atadura mística

Marco Aurelio Reyes Coca
Decano de la Facultad de Educ. y Humanidades;
Universidad del Bío-Bío
(ref. Libro Arquitectura de la Memoria Chillán Antiguo, 1a edición agosto 2011, Editorial Patrimonio, Chillán - Chile)

La ciudad emite una imagen, posee una conciencia colectiva y genera una memoria urbana que se transmite de generación en generación. Es lo que perfila una real “ personalidad urbana”. Así, se constituye en un referente de la sociedad que la habita, puesto crea y existe un entorno apto para desarrollar la vida social y material, siempre viva y latente. Por lo mismo, el proceso de cambio urbano es siempre continuo y su estructura se conforma mediante ocupación de espacios, vías destinadas al flujo, edificios, vecindario, áreas funcionales, y por supuesto siempre omnipresente la gente que la habita y genera la vida urbana.

Por sobre la historia oficial, existe un ritmo pausado de la historia social de grupos y agrupaciones., como acontecimientos que se desbordan. Pero, esa sociedad prendida de atavismo, no puede separarse de la materialidad urbana-arquitectónica, que en el caso de Chillán, se ha construido durante una vida, impregnadas de una estrecha relación con los fenómenos naturales que ha modelado el comportamiento y exigido acciones para superar obstáculos que se codifican en la memoria individual y colectiva, registrando huellas de menor o mayor intensidad.



En el caso de Chillán, el modelamiento de su identidad urbana, resulta indudable que los fenómenos coyunturales han significado convulsiones estrepitosas, originando crisis, desatando calamidades desde el momento mismo de su erección como ente urbano. La repetición de fenómenos coyunturales semejantes conformando imágenes y símbolos, angustias y temores internalizados en la siquis individual y colectiva, exteriorizados en determinadas formas del actuar social, han sido vertebradotes de la conciencia colectiva.

Para llegar a determinar la identidad de Chillán, no podemos desligarnos de la atadura mística que se ha encargado de poner orden en el mundo desintegrado y en la simbolización arquitectónica
“chillaneja”. En otras palabras, la identidad chillaneja, cimentada en los efectos colectivos sociales, han contribuido sobremanera a caracterizar los rasgos del “ ser chillanejo” atado a su materialidad inestable que nos obligan a abrir permanente e incesantemente los arcanos de una platónica historia. Los símbolos de las diferentes épocas, constituyen en Chillán un factor limitante de la recreación histórica patrimonial de un pasado que nutre nuestros lazos atávicos. Para estructurar nuestra identidad urbana, resulta insoslayable el catastrófico recuento historiográfico del pasado. Creo que somos identitariamente la “ ciudad del movimiento ”, pero aún así, echamos raíces profundas, sintiéndonos tan “chillanejos”, que podemos situar como en el realismo mágico:

“A Chillán, ciudad rodeada de Chile”.

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