La historia de este recinto se funde con la historia de alegrías y tristezas de la ciudad de la cuatro avenidas y es precisamente esa identificación la que lo ha elevado a un sitial de honor en el imaginario e identidad local.
Diario La Discusión (Francisco Martinic-Edgar Brizuela-Pedro Vicario / archivo Chillán Antiguo...
El año 1940 la Corporación de Reconstrucción y Auxilio de Chillán, a un año del terremoto que había devastado la ciudad, recibía una sentida demanda de la población. Y es que a pesar del luto, se vivía casi con normalidad y se realizaban regularmente partidos de fútbol para lo que se pedía precisamente un campo para el desarrollo del deporte rey.
“Que la Corporación de Reconstrucción y Auxilio construya un estadio en Chillán”, se lee en enero de aquel año en las páginas de este matutino, abriendo una secuencia de publicaciones que buscaban representar ante las autoridades esa demanda ciudadana por un recinto que reemplazara al antiguo estadio construido durante el gobierno de Arturo Alessandri Palma, en el marco de su agresiva política de obras públicas para recuperar el país de las secuelas de la crisis económica de 1929. Se inauguraba así el antiguo estadio en el sector del “Arenal”, parte del área destinada al Parque Schleyer, reservorio de la naturaleza y sueño de Francisco Schleyer. Corría 1935 y Chillán Nuevo celebraba su Centenario, en un hecho que fue titulado por LA DISCUSIÓN como: “Un fuerte respaldo a la pujanza chillaneja”.
Pero el terremoto le puso un freno a todo y el estadio y a su entorno no fueron la excepción, ya que se convierte en centro de atención para la emergencia y en sus alrededores se emplazan los pabellones, que originalmente eran edificaciones transitorias, pero que terminaron albergando durante más de medio siglo a cientos de familias damnificadas. El frágil coliseo casi pasa a mejor vida, pues el terreno fue en un momento requerido desde la capital para extender las edificaciones del proceso de reconstrucción, pero el reclamo de los deportistas locales, expresado en las páginas del diario contuvo el apetito centralista y permitió conservar aquel refugio del deporte escolar, los espectáculos y de Ñublense, que en 1957 ingresó al Torneo Regional de Concepción, alternativo al del fútbol profesional y donde participaban competitivos clubes como Fernández el Vial, Lota Schwager, Vipla, Fanaloza, Naval, Fiap y Lord Cochrane, dando inicio a eternos clásicos locales cuyas alternativas eran seguidas con especial atención por la afición local en las páginas del diario. En nuestros talleres aún quedan recuerdos de esos partidos, donde el número de ejemplares impresos aumentaba exponencialmente, revelando el eterno romance de los chillanejos con los diablos rojos.
Pero la comunidad no se conformaba y seguía exigiendo el recinto que la ciudad merecía para la práctica del deporte, lo que no fue realidad sino hasta 1961, donde un argumento poderoso fue precisamente el ascenso de Ñublense a la Segunda División Profesional, ya que era una exigencia contar con cancha empastada, condición que no cumplía el viejo “Arenal”.
El terremoto de 1960 impacta a medio Chile y junto con demostrar la solidaridad ñublensina que juega partidos amistosos para recaudar dinero para los damnificados, como testimonia la edición del 28 de mayo de ese año, abre una oportunidad para el estadio chillanejo. Tal como iba a ocurrir 45 años después, una posible candidatura de Chillán como subsede del Mundial de 1962 (al ser desechada Concepción que aún se encontraba de rodillas por el sismo), hace que se aceleren los trabajos en camarines y baños. Finalmente aquella posibilidad no se concretó, pero el año 1961 se inauguraba el Estadio “Municipal de Chillán” empastado, que vio cómo Ñublense durante el torneo de ese año y de la mano del técnico uruguayo Adolfo Rodríguez, casi alcanza el ascenso.
En la década del 60 se avanza en la construcción de tribunas de cemento y hermoseamiento de su entorno y en la del 70, cuando se viven los casi ascensos de 1971 y 1973, se mejora la iluminación. En 1978, por un decreto del entonces alcalde Pedro Guzmán se cambia el nombre del recinto a Nelson Oyarzún para recordar al entrenador más afamado del cuadro Rojo, una especie de Marcelo Bielsa de la época. “Era un tipo excepcional, adelantado para su tiempo, que vivía el fútbol con pasión y que imprimía en sus equipos las ganas de salir siempre a ganar los partidos”, recuerda el ex presidente de Ñublense y actual alcalde de Chillán, Sergio Zarzar Andonie, quien aún tiene fresca en su memoria aquella noticia de LA DISCUSIÓN (11 de septiembre de 1978) que más tarde se convertiría en uno de los capítulos más emotivos de la historia del fútbol criollo: “Desde el hospital, Nelson Oyarzún les envió su charla técnica a los jugadores, dándoles ánimo a sus jugadores para vencer a Colo Colo, objetivo que finalmente cumplieron ese día (2 a 1), el mismo en que “El Consomé” dejaba este mundo para entrar al Olimpo del deporte chileno.
La modernidad borró un pedazo de historia
Para el Mundial Femenino de 2008 el campo de fútbol, que también tenía amplios espacios verdes y una pista de atletismo abierta a la comunidad, fue demolido y reemplazado por el actual y moderno recinto deportivo. Veinticinco millones de dólares se invirtieron aproximadamente en el nuevo estadio, inaugurado el 2 de noviembre de 2008 por la ex Presidenta, Michelle Bachelet.
Mirando en retrospectiva, Sergio Zarzar señala que el mítico estadio jamás debió ser demolido. “No había necesidad de hacerlo, pues con el dinero de la demolición se pudo perfectamente haber adquirido un sitio en otro sector de la ciudad. Si se hubiera tomado la decisión a tiempo en estos momentos la ciudad tendría dos estadios: uno para el fútbol amateur y los amantes del atletismo y otro como el que tenemos actualmente que ciertamente es un lujo para la ciudad”, recalca el actual alcalde de Chillán.
De un tiempo a esta parte, me vi involucrado en la busca sistemática de fantasmas, de aquellos recuerdos olvidados por el paso del tiempo; me vi caminando por calles viejas que encerraban miles de cuentos de hadas. Mi memoria, un tanto fragmentada, la necesitaba para anclarme positivamente en mi reconstrucción. / chillanantiguo@gmail.com
martes, 5 de febrero de 2013
Le Corbusier, el más grande urbanista del siglo XX, se ofreció a diseñar la ciudad tras el terremoto de 1939.
Diario La Discusión (Francisco Martinic-Edgar Brizuela-Pedro Vicario)
Tras el terremoto del año 1939 los optimistas urbanistas nacionales y locales tenían una idea en mente: hacer de Chillán una ciudad bella y acogedora.
El desafío era grande y surgían propósitos como éste, que fue expuesto en LA DISCUSIÓN por quienes pensaban en ese entonces la ciudad: “Chillán será una de las ciudades más lindas de Chile”, señalaba un artículo del 27 de agosto de 1939.
Tras el terremoto la generación de un plan regulador se convirtió en una necesidad y para ello el año 1940 se presentó un esquema de lo que debiera ser la ciudad, en ese entonces confinada a las cuatro avenidas y con Chillán Viejo como apéndice.
El plano regulador que se proponía consideraba limitar la construcciones en una amplia faja de la Avenida Argentina desde Collín a Ecuador para que sirvieran a los obreros y menesterosos.
El tema fue analizado en múltiples reuniones de consejo municipal e incluso hubo cambios y atrasos en su entrega definitiva.
El municipio analizaba su propio plano regulador para levantar la ciudad luego de que fuera rechazada una propuesta del afamado arquitecto francés Charles Édouard Jeanneret-Gris, más conocido como Le Corbusier (en la imagen), para edificar una ciudad totalmente nueva, una suerte de Brasilia o Bonn (Alemania).
En una de sus primeras ediciones tras el terremoto y cuando se discutía la reconstrucción, el diario consignaba que “Le Corbusier ha manifestado su deseo de organizar las funciones de la vida colectiva de los sobrevivientes del terremoto, Es decir hacer los planos de las ciudades devastadas. Y todo ello gratuitamente”.
Sin embargo, las autoridades permanecieron sordas ante tamaño ofrecimiento, motivadas por el recelo de arquitectos nacionales.
Tras ello, la reconstrucción siguió un paso cansino que se demoró décadas y el plan regulador que requería la ciudad fue aprobado por el municipio no teniendo mayores cambios respecto del anterior.
La única divergencia importante según se desprende del análisis de las noticias de entonces era que algunos proponían emplazar la ciudad en otro lugar.
Finalmente, Chillán fue levantada en el lugar que sigue ocupando hasta hoy, de Le Corbusier y de sus ideas modernistas nada se supo y durante décadas la ciudad se extendió prácticamente sin control fuera de las cuatro avenidas, ocupando amplias áreas verdes, huertos y campos.
La actualidad: deuda de planificación
En 1989 se presentó se presentó el último plan regulador conocido y aprobado por el municipio y que debía haber sido renovado el año 1996. Sin embargo no fue hasta 2008 que se iniciaron las acciones para tener un nuevo instrumento de planificación territorial que definiera los usos de suelo, altura de edificios y se hiciera cargo de los males de una ciudad que había crecido sin un norte claro.
El desafío de crear el nuevo instrumento de planificación fue encargado a la consultora de Manuel Durán Iligaray el año 2008 con la intención de tenerlo listo en 2011. Pero el terremoto retrasó los planes y diversos problemas y actuaciones negligentes han dificultado que la actualización del plano regulador sea aprobada por el municipio.
El arquitecto explica que la ciudad ha experimentado un gran crecimiento demográfico en los últimos años, debido principalmente al rol jerárquico de la comuna, asociado principalmente a su oferta de servicios y equipamiento no sólo para sus habitantes, sino que también para los de comunas vecinas e incluso para otras bastante alejadas. “Esto ha generado a su vez un explosivo aumento de la oferta inmobiliaria, ocupando grandes terrenos con loteos más densos que el área central y generando diversos barrios que concentran una gran población; sólo en el sector de Los Volcanes residen más de 40.000 personas.”
Pero como no ha existido regularidad en la trama urbana desde su centro fundacional, estos loteos se han ido adaptando en forma inorgánica, lo que genera una percepción de desorden y déficit de vías para una expedita conectividad entre estos nuevos sectores y el centro de la ciudad.
En definitiva, el área urbana ha sido sobrepasada, quedando solamente disponibles terrenos bastante limitados hacia el oriente, poniente y el norte y que considerando la demanda de suelo -estimada para Chillán en más de 1.000 hectáreas- son insuficientes.
martes, 15 de enero de 2013
Santa Elvira, naturaleza
Barrio Patrimonial Santa Elvira de Chillán
Concepto:naturaleza.
En Santa Elvira no corren los días; las casas son austeras, vieja herencia colonial…con jardines con aires de huerta alegran los ojos cansados; y por la primavera crecen en él, con profusión, los geranios, las pelargonias, los claveles, las guías de clarines, los rosales y más allá de la verja de mimbres, baja y ondulada, se cultivan los repollos, el apio, el perejil y el orégano….llegado el verano, casi como atestiguando que aquí no ha pasado nada, los parrones cobijan las conversaciones de la tarde….
Concepto:naturaleza.
En Santa Elvira no corren los días; las casas son austeras, vieja herencia colonial…con jardines con aires de huerta alegran los ojos cansados; y por la primavera crecen en él, con profusión, los geranios, las pelargonias, los claveles, las guías de clarines, los rosales y más allá de la verja de mimbres, baja y ondulada, se cultivan los repollos, el apio, el perejil y el orégano….llegado el verano, casi como atestiguando que aquí no ha pasado nada, los parrones cobijan las conversaciones de la tarde….
Santa Elvira, espiritualidad...
Barrio Patrimonial Santa Elvira de Chillán
Concepto: Espiritualidad.
La fuerza del espíritu y la religiosidad se manifiestan cuando se cruza el umbral de las numerosas casas cuyas puertas se abren con generosidad. El santo madero presente por todas partes. Pequeños altares cobijados por las gruesas y añosas paredes de adobe y por la fe de los dueños de casa que los adornan con flores, cintas, pequeñas figuras y estampas de santos….afirmando su personalidad mezclando inspiración cristiana y rasgos sefardíes coloniales.
La maternidad con su sentido de protección y contención, manifestada en la virgen que está presente en las casas en retratos y figuras sobre mesas y veladores, artísticas cruces en cerámica mayólica que junto a las camas protegen en la emergencia temerosa de los temblores, y al encuentro con el retrato de un "Cristo".
Todo está un poco a la deriva, pero sin embargo perfectamente alineado entre lo rustico y lo clásico, la belleza juega a decirrnos que estamos hechos para la trascendencia.
Concepto: Espiritualidad.
La fuerza del espíritu y la religiosidad se manifiestan cuando se cruza el umbral de las numerosas casas cuyas puertas se abren con generosidad. El santo madero presente por todas partes. Pequeños altares cobijados por las gruesas y añosas paredes de adobe y por la fe de los dueños de casa que los adornan con flores, cintas, pequeñas figuras y estampas de santos….afirmando su personalidad mezclando inspiración cristiana y rasgos sefardíes coloniales.
La maternidad con su sentido de protección y contención, manifestada en la virgen que está presente en las casas en retratos y figuras sobre mesas y veladores, artísticas cruces en cerámica mayólica que junto a las camas protegen en la emergencia temerosa de los temblores, y al encuentro con el retrato de un "Cristo".
Todo está un poco a la deriva, pero sin embargo perfectamente alineado entre lo rustico y lo clásico, la belleza juega a decirrnos que estamos hechos para la trascendencia.
lunes, 14 de enero de 2013
Santa Elvira y sus lavanderas...
Rugendas las inmortalizó, en su cuadro “EL huaso y la lavandera”, que está en el Museo de Bellas Artes de Santiago….es pequeñito, mide solamente 30 x 20 cms, y posiblemente sea del año de su permanencia en Chile entre 1830 al 1840 más menos... ; pero por los años 70 y entrada la década de los 80, todavía este oficio “casi patrimonial ” tenía vida…entre sabanas ajenas, y el refriegue que gastaba sus manos; nos “acicalábamos limpios” para ir el lunes al colegio, con el sudor y el trajín de manos extrañas…
Alberto Arraño, en una publicación en el Diario La Discusión, de octubre de 1995, escribe sobre este antiguo oficio, como una manera de recordar y seguir “hilvanado recuerdos”, dejo con ustedes sus palabras que simbólicamente y a modo referencial nos habla de unos de los hitos de Chillán, “las lavanderas de Santa Elvira”.
Viven por la Población Santa Elvira, hacia el costado norte de Chillán. Son dos hermanas. Una se llama Clara y la otra, Rosita. Doblan ya los cincuenta años, y llenan la vida lavando ropa en los canales vecinos, hurgando cosas idas en su memoria, visitando su corta parentela y haciendo sus devociones.
No les corren los días. Su casita es pobre, aunque limpia; detrás de ella, hacia el poniente, un jardín con aires de huerta alegra sus ojos cansados; por primavera crecen en él, con profusión, los geranios, las pelargonias, los claveles, las guías de clarines, más allá de la verja de mimbres, baja y ondulada, se cultivan los repollos, el apio, el perejil y el orégano.
-¿Qué rica la cazuela bien aliñada! –dice Rosita cuando, con un gastado cuchillo, pica alguna verdura sobre el suave dorso de una presa de pollo. Toman otro gusto las comidas.
-No hay como ponerles ají –apunta, a su vez, Clara, un tanto , melindrosa y coquetuela –Qué buenos quedan los guisos así, picantitos; se comen con tanto agrado.
Lavan la ropa de algunas familias pudientes del centro de la ciudad. Los sábados por la tarde las ven salir las vecinas con sus inmensos atados, equilibrándolos en sus menudas y gráciles cabezas, camino al centro.
Durante la semana el trabajo es duro y denso, son tantas las piezas de ropa que jabonar, sacudir, “refregar” y extender en los cimbreantes cordeles del patio para que el viento sureño, poco pudoroso, las haga flamear al sol, ejerciendo en ellas con eficacia su acción benéfica y depuradora. ¿Si parece que el arcoíris hubiera dejado por ahí todos sus colores!
-Me duele la espalda de tanto planchar –exclama a veces Rosita, la más joven y pálida. Pero debe seguir con tesón en su labor. Porque sino, faltaría el sustento diario y, con él, aquellas cosas menudas y corrientes que les hacen más llevadera y amable su existencia; faltaría el aguardiente para el café “con malicia” y la mistela; olorosa yerba paraguaya para el mate cotidiano; manteca para las sopaipillas; chancaca para los picarones, y dulce miel de abeja para los desayunos. Porque es así: ellas saben sazonar sus trabajos con estos pequeños encantos caseros.
¿Oh, el grato olor de la azúcar quemada, allá por las tardes, cuando se disponen a hacer sus comidas en los gratos días de primavera! El suave aroma embalsama la rústica pieza y, por unos vidrios rotos, se esparce por el entorno, comunicándole la grata sensación de ambiente hogareño. Adentro, sobre el brasero gorgoritea la tetera, esperando la hora oportuna en que, cayendo sobre la fina yerba, haga las delicias de las dos buenas hermanas en un frecuente y amoroso mate. Y para fusionar con el espumante líquido no faltará la cáscara de naranja ni la hoja de cedrón ni la torreja de limón.
¡Cómo se hace liviana la tarea diaria, condimentada con estos amables embelecos caseros a las lavanderas del barrio norte de Chillán en cualquier época del año!
Obra de Mauricio Rugendas, 30 x 23 cms. "El huaso y la lavandera"
El alumbrado eléctrico en Chillán
Conversando con nuevas generaciones de chillanejos y a veces “no tanto”, desconocían que en Santa Elvira” funcionó durante décadas una Planta Electrica Hidraúlica, hasta ya entrada la década del sesenta; y que era generada por las aguas de la variante del Rio Cato…y de ahí el nombre de “Canal de la Luz”.
Un barrio ligado tanto a nuestra ciudad que ya el historiador Marco Aurelio Reyes, lo expone en el Diario la Discusión un 31 de agosto de 1999, aquí sus palabras:
La vida humana sufre un vuelco espectacular cuando Thomas Alva Edisón inventa la ampolleta entre 1879 -1880. Para que este maravilloso invento llegara a Chillán pasaron tan solo 28 años. Este acontecimiento se produce durante el invierno de 1908 (el 6 de julio), con la espectacular iluminación de la Plaza e Armas, ante la emoción de los ciudadanos. La energía eléctrica se generaba en una pequeña planta hidráulica de 3000kw. Ubicada en el sector Santa Elvira, aprovechando las aguas desviadas del río Cato, que originaban de esta manera el Canal de la Luz. Así Santa Elvira abastecía de electricidad a Chillán, tal como antes lo había hecho con el agua potable. La planta fue un lugar estratégico de la ciudad.
La vida de Chillán se trastocó llegando pronto hasta los hogares mismos. El comercio comenzó a ofrecer equipos, artefactos, motores y generadores, llegando a establecer una sucursal de la empresa alemana Simens y Schukers, atendida por don Santiago Yufer. Pronto se requirieron electricistas que hicieran las conexiones domiciliarias, buscando los materiales en las mercerías y ferreterías de Ángel Cordero, José Madrid, Dionisio Etchevers y Federico Kehl. La formada Compañía Chilena de Electricidad contó con muchos accionistas residentes en Chillán, la mayoría pertenecientes a la colonia francesa, tales como Fernando Besnier, Aquiles Blu, León Cazenave, Juan Choribit, Esteban Othacebe, José Pimouget, Bernardo Pagueguy, Dionisio ETchevers, Urbano Duboscq, Juan Darrigoult, Enrique Delepine y otros.
El problema era la pequeña capacidad de la planta generadora y su posibilidad de cobertura, por lo cual la Cia. determinaba horas de uso y consumo, bastante restrictivos por lo demás. Chillán tuvo una iluminación deficiente hasta más allá de la mitad del siglo XX, presentando demasiada oscuridad en las calles. Un gran adelanto fue la creación en 1920 de la Sociedad de Tranvías Eléctricos de Chillán que según “Las Últimas Noticias” de Santiago (15 de agosto 1920), refiriéndose a la fuerza eléctrica, señalaba que “hemos dicho en otra oportunidad que los actuales usuarios de la Compañía usan las mejores máquinas adquiridas en los últimos años, tiene capacidad de sobra para la movilización de varias líneas de tranvías”. En la nueva Compañía, también figuraban como accionistas los Pagueguy, Leopolt, Raddatz, Lamoliatte, Cazenave, Choribit, etc. Todos distinguidos hombres de negocio de la ciudad.
Lo cierto es que Chillán contó por muchos años con un sistema eléctrico deficiente, tanto que a raíz del terremoto de 1939, debió permanecer por muchas horas en la completa oscuridad aumentando lo dantesco del trágico momento. Ante la emergencia debió recurrirse a un generador de carbón. La ciudad nunca había cubierto su necesidad de energía eléctrica por el hecho de funcionar con generadores fuera de servicio e insignificantes. La Planta de Santa Elvira siguió funcionando por muchos años, con un generador que a medida que crecía la ciudad era más insuficiente. Tanto era el problema que el propio diario “El Mercurio” de Santiago (21, abril, 1947) describió “el lúgubre aspecto que presenta la ciudad de Chillán por la falta de luz eléctrica, . La disminución de aguas para las turbinas y el cambio de hora han afectado el suminstro de energía” Era una verdadera vergüenza para la ciudad. Sin embargo, a comienzos de 1948, el anuncio del alza en las tarifas de la electricidad, movilizó, movilizó a toda la comunidad y a las provincias centrales del país. La Municipalidad declaraba tener un déficit de $ 342.952, por concepto de alumbrado (18 febrero, 1948). La Discusión denunciaba que el voltaje entregado por la CGE estaba por debajo de la norma, originando serios problemas en el suministro eléctrico para Chillán (22, abril, 1948). Durante todo el año 1949 siguieron las denuncias sobre las insuficiencias del alumbrado público y el reemplazo de las ampolletas quemadas en las calles que permanecían en penumbras. En 1952, la Compañía General de Electricidad, seguía amenazando con alzas de tarifas ante la indignación de la ciudadanía. En 1954, se anunciaba la generalización del racionamiento eléctrico en los campos y en las faenas agrícolas (La Discusión, 5, marzo). En 1957, para La Discusión, los principales problemas de Chillán seguían siendo los bajos sueldos y salarios, las deficiencias de la previsión social y el problema de alumbrado, que desde hacia medio año la Municipalidad , mantenía sin pago (15 de octubre). Estas dificultades, más los descuidos en el voltaje llevó al Municipio a reponer un promedio de 60 ampolletas diaria. El suministro de electricidad era un problema difícil de resolver.
Tuvieron que producirse las modernizaciones en la generación eléctrica por parte de la Endesa, en la década de los años 6º para que la histórica Planta de Santa Elvira pasara al baúl de los recuerdos. Aún muchos recuerdan que Chillán vivió muchos años casi en sombras.
miércoles, 31 de octubre de 2012
La Talabartería en Chillán y familia Isla
Talabarte: cinturón, generalmente de cuero, en donde cuelga la espada o el sable.
Quizás como prólogo para "situar" el tema de la talabartería, es propicio citar a uno de los investigadores en "artes populares", como lo fue el maestro Baltazar Hernández
En el siglo XVI, García Hurtado de Mendoza trajo a Chile caballos y monturas. La industria del cuero y su utilización en la montura, aperos y arneses se inicia en la misma colonia. En el siglo XIX, “la montura chilena campesina” era más o menos como la de hoy, aún cuando ha sufrido transformaciones originadas por los estilos o diferentes escuelas ecuestres y países. La “corralera”, que se deriva de la escuela de la jineta (xenetes: tribu árabe) es la más típicamente chilena, de forma cuadrada, liviana, más bien chica que grande, con un arzón anterior y otro posterior redondo y más bajo.
Los batanes (van sobre el pelero), pellones, estribos y el caso de madera de álamo que sirve de estructura, constituyen las cuatro partes de una silla de montar.
En Chillán y en la zona, hace 100 años y aún más, la talabartería tuvo un notable desarrollo y que ahora no imaginamos, porque la región vivía única y exclusivamente de la agricultura y como único medio de locomoción se contaba con el caballo y carruajes tirados por este gran amigo del hombre; era una época en que toda la familia campesina andaba a caballo y luciendo finos aperos.
En los numerosos talleres talabarteros de otro tiempo, no menos de quince a treinta artesanos trabajaban en cada uno de ellos, al igual que en los talleres de espueleros.
Ahondando en los registros orales, la primera talabartería chillaneja fue la de don Víctor Manuel Vergara, que gozó de gran renombre por la perfección y delicadeza de sus valiosos trabajos. Los talleres de don Pedro Soto, Temístocles Gutiérrez, Lara , Rafael Fuentes, Justo SolísJosé Rojas, los hermanos Riquelme, Héctor Sepúlveda, Humberto Rojas, Samuel Parra, doña Teresa viuda de Parra y Sucesión y actualmente hoy como testigo del tiempo la familia Isla.
FAMILIA ISLA, talabartería de abolengo.
Muy prestigiosas dentro y fuera del país son las monturas de la talabartería con el sello ISLA, imperio artesanal iniciado por dn. Amador Isla Cea (1910-1989), cuya familia ya lleva un siglo de tradición. Don Amador, como sus hijos, trabajó desde joven en el oficio que aprendió de un tío y éste, a su vez, aprendió de su padre y hermanos. De este sello talabartero han salido aperos y monturas para hacendados y turistas de Argentina, Perú, Brasil, Estados Unidos, Canadá, España e Inglaterra.
De los talleres continuará saliendo la hermosa montura chilena, cada vez más sobria y de ajustadas proporciones, el cuero curtido, riendas y ramales. Registro de manos callosas que testimonian el trabajo manual de decenios y que nunca pergamino alguno podrá trasmitir la interminable hebra de zurcidos que por generaciones fueron hilvanando en los campos chilenos uno de los más bellos oficios del cuero.
Artes populares de Ñuble (Baltazar Hernández)
Estudios Regionales U. de Chile.
Fotos / Familia Isla.
Chillán Antiguo / Máximo Beltrán
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