lunes, 28 de julio de 2014

Chillán; BAJO DOS MIRADAS.

Chillán: Cuatro veces centenaria
Ramón Bastías Sandoval
Sociólogo, Universidad de Concepción
           
Siempre me impactó saber que la ciudad de Chillán tuviera varios siglos de antigüedad. Mi imaginación volaba a otros mundos pretéritos al oír decir que había sido fundada por el mariscal Martín Ruiz de Gamboa en un lejano invierno de 1580.  Casi podía ver una sencilla empalizada con un foso, algunas casuchas y unas débiles antorchas iluminando la noche oscura. El frío, la humedad, la lejanía de la capital de la Gobernación, debió haber convertido dicha fundación en todo un acontecimiento para ese pequeño grupo de españoles sedientos de aventura, fama y dinero. Otro tanto podemos imaginarnos de las comunidades mapuche que vivían en los alrededores y que ya conocían a los hispanos producto de las primeras encomiendas relacionadas con la ciudad de La Concepción.

De aquel mestizaje nacieron nuestras familias; la Iglesia dio sentido de unidad monárquica a lugares tan alejados de España como nuestra ciudad cuatro veces centenaria; en un momento fuimos súbditos de un rey casi desconocido. Todo esto me daba material para más ensueños y fantasías de niño cuando en la escuela nos enseñaban que Chillán, en particular, y Ñuble, en general, fueron protagonistas de las luchas de la Patria Vieja.  Casi puedo ver el viejo Chillán sitiado por Carrera, escuchar los tambores y algún cañón tronar. Nuevamente siento el aire gélido, la escarcha y la lluvia chillaneja, veo ponchos desteñidos y húmedos y los pasos inquietos de don José Miguel.

Los siglos pasan y la ciudad de transforma, obligada por los terremotos y desastres.  Su último gran cambio fue en 1939 que aún vive en nuestra memoria colectiva. Mi abuela era una niña para aquella noche de verano y con sus palabras me retrató el dolor y la pérdida, las casas crujiendo mientras el adobe se rompía y las nubes de polvo inundándolo todo. El estruendo y luego un breve silencio, finalmente el llanto y los gritos de dolor.

Se podría pensar que tengo una imagen triste de la ciudad, sin embargo es lo opuesto. Chillán se levantó de todos aquellos cataclismos y continuó su marcha en la historia. Sus vecinos tejieron redes solidarias para acompañarse en el dolor y ver a los niños crecer. Sus instituciones trabajaron para el desarrollo y modernización de la ciudad y en algunos momentos hicieron un trabajo destacado. Recuerdo al doctor José María Sepúlveda Bustos y al intendente Vicente Méndez Urrejola, además de tantos otros hombres y mujeres anónimos. 


Hoy mucho de esta "Gesta de cuatro siglos" se siente lejana. Vivimos en un mundo de cambios culturales donde nacen nuevas identidades. Está por verse como serán los chillanejos del siglo XXI, es de esperar que tomen el testimonio de sus abuelos y padres para hacer de este espacio urbano una ciudad con futuro. Muchas tareas están pendientes, quizás muchos errores haya que reconocer. Pero las oportunidades están ahí, a la vuelta de la esquina, esperando que hombres y mujeres de espíritu constructivo caminen por el nuevo milenio.



Hacia la valoración de la diversidad cultural
Simi Jiménez Carrasco
Antropóloga, Universidad Austral de Chile

La cultura se entiende como la forma de vivir que se aprende en cada tiempo histórico y lugar. Es un concepto que pone de relieve las diferencias entre los pueblos y también se aplica a los distintos grupos dentro de una misma sociedad, donde es posible diferenciar colectivos que comparten códigos éticos, creencias o costumbres específicas; así, por ejemplo, podemos hablar de una cultura campesina en la Provincia de Ñuble.

Toda persona expresa y porta la cultura, desde aspectos triviales hasta nociones más profundas. Pero resulta difícil tomar distancia de la cultura propia y medirla con la misma vara que se aplica a las creencias de los otros. Por esto es que la idea de interculturalidad va más allá de la coexistencia territorial; es necesario incluir las nociones de poder y de desigualdad social.

En la historia de Chile se puede ver la subordinación de las distintas culturas indígenas existentes, impulsando el descrédito de cualquier elemento que se le asocie, incluso hasta transformar en un insulto el epíteto de “indio” o “indígena”.  ¿Qué sucede en nuestra Región del Biobío o somos cortados todos con la misma tijera? Recordemos que esta zona se caracteriza por el carácter de frontera que adquirió en la relación histórica entre los europeos, en un primer momento y los criollos, después, principalmente con el pueblo mapuche, debido a la barrera natural del río Biobío. Este aspecto favoreció una alta presencia militar e institucional y con ello, la devoción a la patria, a la iglesia oficial y a la idea de que ya no había indígenas a este lado, sino campesinos herederos de tradiciones europeas. No es difícil escuchar todavía reivindicaciones de apellidos de abolengo aristocrático como prueba de estatus en el propio Chillán.

En cuanto a la desigualdad social como elemento diferenciador dentro de la cultura local, hay que reconocer que aunque se pueda compartir una cultura campesina en parte de nuestra provincia, no es lo mismo ser el dueño del campo que un inquilino o mediero; además de las diferencias económicas, prevalecen diferencias de prestigio y poder, en el uso del lenguaje, entre otras.

Por último, la migración es otro elemento que configura la diversidad cultural local. Los migrantes extranjeros,  palestinos − varios muy importantes en la historia de Chillán −, chinos, colombianos, ecuatorianos, peruanos, son parte de nuestra comunidad. Si bien la población de Ñuble es diversa culturalmente, estas diferencias son poco visualizadas, prevaleciendo creencias negativas sobre los indígenas que se aplican también a los extranjeros indígenas y, por otra parte, marcadas diferencias sociales que constituyen barreras culturales. 

Mirarnos y mirar a los demás como portadores de cultura, de una cultura digna, esa es la invitación en este aniversario y en adelante.

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