lunes, 28 de julio de 2014

Chillán; PARQUE SCHLEYER, más que un homenaje póstumo.

Los altos niveles de contaminación ambiental y una superficie de áreas verdes que ni siquiera alcanza los dos metros cuadrados por habitante, cuando lo adecuado es nueve de acuerdo a los estándares de la Organización Mundial de la Salud, no fueron argumentos suficientes para que Chillán fuera incluida entre las treinta comunas beneficiadas con un parque, según anunció en mayo la presidenta Bachelet. Hace 85 años los herederos de Juan Schleyer se anticiparon a esta gris postal y donaron a la ciudad un extenso terreno para la creación exclusiva de un parque urbano. Sin embargo, incumpliendo el acuerdo, las sucesivas administraciones municipales lotearon y transformaron el espacio en un sector habitacional. Los herederos de Schleyer no cesarán en su cometido hasta que el ansiado pulmón verde sea una realidad.
p. Marcia Castellano



Mapa de Chillan de 1928, que contempla en su trazado el "Parque Schleyer"

Tras la muerte de Johann Schleyer Brandt, Juan, sus descendientes decidieron honrar su memoria donando a la ciudad nueve hectáreas de la hacienda Huambalí, con el propósito de levantar ahí un parque urbano que llevara el nombre del inmigrante alemán fallecido en 1925. El terreno, dividido por Palermo en dos paños, contaba con una laguna y abundante vegetación, cuya extensión comprende hoy las avenidas O`Higgins, Collín y las calles Rosauro Acuña y Pedro Aguirre Cerda, aproximadamente.

En septiembre de 1929 la familia formalizó esta entrega mediante una escritura pública que establecía ciertas condiciones: el terreno debía destinarse exclusivamente para la formación de un parque denominado Juan Schleyer, en un plazo máximo de dos años o de lo contrario la donación quedaría sin efecto; el municipio en ningún caso podía vender o enajenar los terrenos y se comprometía a destinar anualmente los fondos para la conservación y buen mantenimiento del parque.



Juan Schleyer Brandt (1840 - 1925)

Eso fue hace 85 años. El pulmón verde que los Schleyer Helmkampff soñaron para Chillán ahora pareciera tener un carcinoma. Casas, canchas y diversas construcciones ocuparon el lugar destinado para un parque y desde esa época las autoridades se han desentendido del compromiso adquirido. Si bien inicialmente se les asignó un uso temporal al levantar pabellones de emergencia post terremoto de 1939, posteriormente el municipio cambió el uso del suelo en 1969 y loteó el terreno para destinarlo a donaciones, permutas y comodato. Desde entonces hasta la fecha esto sigue sucediendo. Si todo se desarrolló en un marco de irregularidades, ¿hubo alguna gratificación involucrada y a quién benefició? Hoy nadie parece saberlo. 
Sin perder de vista el objetivo principal que es lograr la concreción del parque, la bisnieta de Johann Schleyer Brandt, Sonia Jungjohann, también busca respuestas: “Estamos en encuestas a personas que viven en las tierras donadas; todos estos favores tienen un fin político, no me cabe duda. Es interesante saber de las propias personas que le han comprado los sitios al municipio. Especialmente entre los años 1969 en adelante, cuando empiezan las primeras ventas y donaciones, se inició una especie de olvido del sentido de la donación dejando que las tierras se asignaran a otros asuntos ajenos a este sentido original. Con el tiempo la comunidad fue olvidando esta donación y los ediles usurpando las tierras para sus propios fines políticos”.

“Esta causa familiar hoy es de Chillán”
Cinco generaciones Schleyer se reunieron en 2007 en Chillán para celebrar el aniversario de nacimiento de don Juan. En esa oportunidad se decidió que Sonia representaría a la familia liderando  la campaña "Un parque para Chillán, denominado Juan Schleyer". Si bien esta iniciativa busca el apoyo de las autoridades, también apela a la ciudadanía a través de las redes sociales y de una página web (www.parquejuanschleyer.cl) donde se puede adherir firmando una carta que será enviada a la presidenta Michelle Bachelet. “Esta causa familiar hoy es de Chillán. De ser por décadas una exigencia privada, hoy es pública y ha alcanzado gran parte del país. Se mantuvo oculta por intereses municipales, pero hoy esto es visible. Pretendemos llevar personalmente la carta a Bachelet con el listado de las personas que han firmado, aún son pocas, vamos en 341 firmas. Queremos que todos se enteren de cómo en Chile terminan muchas donaciones y seguiremos exigiendo el parque”, advierte Sonia.
Sin embargo, de las nueve hectáreas originales no queda lo suficiente para hacer un gran parque. Una de las alternativas barajadas por el actual edil fue obtener el apoyo estatal postulando al Plan “Chile Área Verde”, en que se beneficiaría a treinta comunas del país con la construcción de parques. Pese a la alta contaminación ambiental y al déficit de áreas verdes, con dos metros cuadrados por habitante cuando lo adecuado es nueve de acuerdo a los estándares de la Organización Mundial de la Salud, Chillán no fue incluida en el listado de comunas prioritarias.

Otra opción es la compra de un terreno, pero hasta la fecha todo ha quedado en el plano de las intenciones. “La idea es hacer un parque multidisciplinario para deportes y pasear, con juegos, hacer picnic, ver un espectáculo abierto. Estamos buscando terrenos apropiados, pero también tiene que ser algo en nuestro presupuesto. Como conocemos las necesidades de los distintos sectores de la ciudad, hemos pensado en pequeños parques a lo mejor de una hectárea, eso es mucho más manejable aunque la prioridad la tiene el gran parque”, aclara el alcalde de Chillán, Sergio Zarzar, quien al mismo tiempo agrega: “La figura de Juan Schleyer merece mucho respeto. Pero se trata un proyecto de gran envergadura y en caso de que la municipalidad lo compre – salvo que lo presentemos a un programa – no es llegar y construir. A mí no me mueve inaugurar obras dentro de mi periodo con fines electorales, yo quiero que las cosas se hagan bien aunque tomen tiempo. Mientras tanto en la zona donada queremos hacer un parque como homenaje a don Juan”.

Sonia rechaza de plano que aceptarán esa alternativa: “Zarzar, con mucho humor, se refiere a que pondrá un monolito con el nombre del bisabuelo en el poco terreno que queda, lotes pequeños repartidos entre los sitios dados en comodato, vendidos o donados. Esto sería una burla hacia la familia y hacia la ciudad Chillán. Cuando los bisnietos empezamos a insistir aún quedaban tierras. Pero, como dijo Zarzar en la inauguración de la cancha en las mismas tierras donadas: ‘algo pasó que esas tierras están en manos de particulares`. Si él no sabe qué diablos pasó, entonces quién, reflexiona Sonia.

Efectivamente, como lo plantea Sonia, existe un vacío que el alcalde Zarzar reconoce: “Esa es la explicación que yo quisiera conocer y no se entiende cómo algunas pertenecen hoy al SERVIU, otras donadas, otras en manos de privados. Desgraciadamente la autoridad de todas estas décadas nunca reaccionaron”, asevera el edil. 

Desarrollo versus medioambiente
Desde que comenzó la remodelación de la Avenida O`Higgins y con más fuerza durante el año pasado, diversas agrupaciones de ciudadanos manifestaron su repudio a la masiva tala de árboles en el tramo intervenido, en desmedro de la calidad de vida de los habitantes. Considerando que calidad de vida no solo es mejorar las infraestructuras, también es cuidar el arbolado cuyo rol es clave en la captura de contaminantes atmosféricos y en la absorción del ruido urbano, lo esperado era conciliar ambas posturas en pro de un desarrollo sostenible.

Consultado sobre su compromiso medioambiental y cómo se expresaría este, tomando en cuenta el capítulo de avenida O`Higgins y el retraso en la construcción del parque Schleyer, el alcalde recalcó: “Sabemos que los pulmones verdes son esenciales en los lugares contaminados y estamos trabajando para descontaminar; además hemos creado la Dirección de Medioambiente, Aseo y Ornato, poniendo énfasis en temas de reciclaje. Sobre lo que pasó con la avenida O’Higgins me acusaron de haber botado casi todos los árboles y te das cuenta que eso no fue así. Después hubo un temporal de viento y cayeron muchos árboles viejos, generando peligro. Yo prefiero una vida humana por sobre un árbol, mi labor es primero proteger a los vecinos”.

A juicio de Sonia Jungjohann, estas decisiones del municipio chillanejo dan cuenta de una mirada cortoplacista del bienestar: “Me cuesta comprender que Zarzar siga pensando en que hay que modernizar a Chillán con un casino, más estacionamientos, un complejo deportivo, si no habrá aire limpio para respirar e ir a hacer deportes. Me entristece ver a mi ciudad transformada en una ciudad llena de chatarra en el aire, cemento, árboles cortados, gris, apagada. Estamos viendo el futuro de nuevas generaciones que por vivir en Chillán sufrirán enfermedades por falta de un gran pulmón verde. Mi percepción es que ambos tenemos diferentes miradas sobre lo que es bueno para una ciudad.”, argumenta.


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