jueves, 14 de febrero de 2013

Teatro Municipal: una historia de dos siglos

Permanece en obra gruesa desde 1943, pero la esperanza de terminarlo nunca decayó.
El año pasado finalmente se destinaron los recursos para su terminación.

Diario La Discusión (Francisco Martinic-Edgar Brizuela-Pedro Vicario / archivo Chillán Antiguo)

Meses después del terremoto de 1939 las necesidades en Chillán eran demasiadas. A pesar que la ciudad estaba en el suelo, el espíritu que la ha marcado por siglos, seguía desafiando a sus habitantes a querer reconstruirse en grande. A través de LA DISCUSIÓN, las autoridades de la época no sólo comenzaron a abogar por un plan regulador acorde a las nuevas necesidades, un mercado, viviendas de emergencia y oficinas administrativas para seguir funcionando. También pedían a gritos un recinto en donde poder fomentar el arte y, de paso, recomponer el alma  agrietada por los movimientos telúricos que hacían recordar semana a semana la catástrofe que el 39 se lo llevó todo.




Ya el 21 de julio de 1942 un artículo informaba sobre la construcción de la Casa del Deporte, en el mismo lugar en donde se emplazó hasta antes del terremoto el antiguo teatro que esa fatídica noche exhibía una obra teatral y que se llevó varias vidas cuando su fachada cayó sobre los espectadores.

El 18 de julio de 1940 las autoridades, encabezadas por el alcalde Ernesto Arrau, delineaban el nuevo recinto. Para aquello, pedían a la Corporación de Reconstrucción y Auxilio expropiar los terrenos en donde se encontraba el Centro Español y el Obispado, además de dos millones de pesos para fundar una sociedad anónima que se hiciera cargo de la construcción con aportes de privados, porque la inversión estatal no alcanzaba para esa finalidad. Las gestiones del alcalde Ernesto Arrau quedaron truncas a raíz de su renuncia, dando paso a la época de Juan Francisco Arrau, quien en persona le solicitó el mismo año al Presidente Pedro Aguirre Cerda acelerarlas soluciones para el futuro teatro.

A fines de ese año, el diario informaba que el jefe del Departamento de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, Ricardo Müller, había entregado la primicia de que el teatro se construiría en conjunto con la Casa del Arte soñada por Otto Schäfer y el municipio en calle 18 de Septiembre, al frente de la Plaza de Armas. La noticia fue aplaudida por todos. Precisamente Müller, uno de los arquitectos impulsores de la reconstrucción de nuestra ciudad, se hizo cargo de las obras del Cuerpo de Bomberos y de las que siguen por la misma calle hacia Constitución, incluyendo el Teatro, el que es hoy el Centro de Extensión de la Universidad del Bío Bío y la Municipalidad de Chillán.

La Corporación de Reconstrucción y Auxilio comenzó a hacerse cargo de las finanzas de la construcción y todo marchó bien hasta 1942, cuando ocurrió lo que una editorial del 28 de junio de ese año anticipaba: los trabajos habían paralizado a raíz de la falta de recursos y de otras prioridades de las que debió hacerse cargo la corporación. Obras como el Cuerpo de Bomberos y la Municipalidad de Chillán sí contaron con la debida prioridad a raíz de los que significaban para la población. La esperanza seguía vigente y cada cierto tiempo, a través de noticias, entrevistas y columnas de opinión, el diario de Chillán hacía presente la necesidad de no cesar en los esfuerzos por conseguir el financiamiento. Sin embargo, en 1950 y después de sucesivas promesas que no se cumplían, un titular aterrizaba las expectativas e indicaba: “Ocho millones y medio para comenzar terminación del Teatro Municipal de Chillán: no podrá ser terminado”.
Comenzaba así la historia sin fin de casi setenta años.


EL SUEÑO NO DECAYÓ Y FINALMENTE SE LOGRÓ

El 27 de junio de 2012, el actual alcalde Sergio Zarzar coronaba el término de un proceso que se reactivó en 2010: el Gobierno Regional aprobaba 3.800 millones de pesos para que Chillán saldara su deuda histórica con la cultura. Entremedio quedaron cientos de páginas escritas, algunas con enérgicas críticas a la falta de voluntad de las autoridades del nivel central y otras con un tono motivador, para que la ciudadanía no decayera en su esfuerzo por materializar el emblemático proyecto. Así lo reconocía en su última entrevista el doctor Héctor Garay, quien  junto a un grupo de artistas y gestores comenzó en la década de los noventa una gran cruzada popular para conseguir los recursos de habilitación del recinto y que dio vida a la Corporación de Pro Término del Teatro Municipal, entidad que durante varios años trabajó con el mismo propósito bajo las órdenes y estrategias del destacado galeno.








“El diario ha sido un faro para que este sueño no decaiga”, sentenciaba el 8 de septiembre de 1996.  Fueron años de trabajo, pero el poco compromiso de aquel entonces dificultó las aspiraciones del grupo y se llegó a la convicción de habilitar una sala de bolsillo al costado del teatro. En 1998 se inauguraban las nuevas instalaciones gracias al aporte de la comunidad y de fondos del Ministerio de Obras Públicas. 15 años después de aquel hito se estarán iniciando las obras definitivas de su terminación, prevista para 2014, cuando debería cortarse la cinta tricolor de una obra que resume el trabajo iniciado por tres generaciones de soñadores que han encontrado en el segundo diario más antiguo de Chile el respaldo necesario para concretar esta iniciativa que dejará de ser conocida como “el elefante blanco” de la ciudad.

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