El despertar
de una época
p. Arnoldo Ferrada San Martin
Revista NOS
“Cada
generación tiene sus propias lecturas, que no es ni mejor ni peor que otras; así los juegos de antaño corresponden a la
velocidades y ritmos como se va construyendo la vida”, con esta frase, Máximo
Beltrán, artista visual y creador del blog patrimonial Chillán Antiguo describe
la importancia del vínculo entre cada época y los niños que la vivieron. Así
también, e una profunda reflexión, se adentra en “su propia niñez”, como un testimonio romántico de lo que fueron
los juegos en la segunda mitad del siglo XX.
“Soy de la
generación del primer televisor, del primer celular y de la primera conexión a
internet, pero tengo en mi disco duro toda la información de una niñez no
tecnológica, donde el divertimento estaba basado en lo simple y en lo social.
Juegos sencillos y solitarios como el emboque, jugar a los autitos en el patio
de la casa construyendo granjas misteriosas y mundos imaginarios; afuera los
amiguitos de la manzana nos tomabamos la vereda con los patines y después la
bicicleta; en la escuela los recreos los hacíamos interminables con el “caballito
de bronce”, las naciones y las escondidas”, relata.
Pero este
maravilloso mundo infantil donde los juegos eran un complemento ideal para el
entretenimiento sano y creativo comenzó a llegar a su fin, según nos narra
Máximo, durante la década de los setenta, situación que se reflejó en las
celebraciones dieciocheras, “la última vez que fui a una ramada con “mirada de niño”
fue con mi familia el año 1976, las hacían en Av. Brasil, hasta los “curaditos”
eran simpáticos, después cambio todo No sé en qué momento cambió, algo ocurrió
y el país se distorsionó, pero ese paisaje ya nunca se volvió a repetir. Nos
fuimos distanciando, se fueron formando “gethos”, la globalización comenzó a
desdibujarnos y el mercado vendió conceptos al “trueque” y visitar las ramadas
fue “rasca”. El sino del snobismo fue dando su pincelada y poco a poco esta
fiesta popular y de familia quedó circunscrita al parrón de la casa, al club,
al regimiento y a las ramadas del Cuerpo de Bomberos”, recuerda con nostalgia,
aunque aclara que al establecer un paralelo del ayer y hoy, es claro que “son
tiempos diferentes y los niños buscarán sabiamente como entretenerse. En
solitario o en “patota”, dependerá de cómo el niño vaya construyendo su mundo…”,
concluye.
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